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septiembre de 2012

  • Hombres con pañuelo blanco en la mano, empuñando las pistolas de la muerte, de la confusión.
  • Rabia y nostalgia ante la respuesta visceral, intolerante y fascista del Estado.

 

El verdugo, los verdugos; qué más da. Para ellos lo importante era restablecer la paz y el orden, qué más da silenciarlos, qué más da detenerlos, golpearlos, qué más da asesinarlos

 

Tarde lluviosa, gris, casi obscura y silenciosa. Caminan por las calles de la Ciudad de México con la esperanza bajo el brazo y un clavel rojo en la mano. Jóvenes, estudiantes, madres, niños. Sabines lo describe en uno de sus poemas:

 

aquí han matado al pueblo;
no eran obreros parapetados en la huelga,
eran mujeres y niños, estudiantes,
jovencitos de quince años,
una muchacha que iba al cine,
una criatura en el vientre de su madre,
todos barridos, certeramente acribillados
por la metralla del Orden y Justicia Social.

     Rabia y nostalgia ante la respuesta visceral, intolerante y fascista del Estado. De repente, como si no hubiera sido planeado, una vez más en manifiesto: los inhóspitos los disparos de las metrallas, las bayonetas, los gritos, el llanto y muy probablemente la voz de los que únicamente cuestionaban y exclamaron: ¿Qué hemos hecho? ¿Por qué nos disparan? ¿Por qué asesinan nuestra libertad? Desconcierto total, no hay, ni habrá respuestas.

     El reloj marca las seis “hora en la que un solo dolor será la promesa”. Las véngalas lanzadas eran la señal, algún estudiante mencionó ante la presencia de los granaderos y militares: ¡Compañeros retirémonos a nuestras casas pacíficamente, no caigamos en la provocación!.

     Hombres con  pañuelo blanco en la mano, empuñando las pistolas de la muerte, de la confusión. En los alrededores, enfáticos tanques, soldados, un Irak en tierras sagradas, en la ciudad de Tlatelolco, primer centro urbano del altiplano central. En la plaza, los estudiantes, los padres, los hermanos, los médicos, los maestros, los obreros… ante las adversidades habría que ser solidario.

     El verdugo, los verdugos; qué más da. Para ellos lo importante era restablecer la paz y el orden, qué más da silenciarlos, qué más da detenerlos, golpearlos, qué más da asesinarlos; si lo realmente importante era ser protagonista, ser una nación moderna, capaz de organizar un evento con relevancia mundial, como lo eran los Juegos Olímpicos en México. Demostrar ser una nación fuerte y desarrollada, y la pregunta es, ¿eso es ser una nación?

 

     Recordar, implica más que visualizar el momento. Recordar es la invitación a la reflexión, a la acción, a la construcción de una sociedad libre, participativa y justa. ¿Hay un México antes y después de Tlatelolco? Solo la memoria colectiva de la gente podrá dar respuesta; nosotros por lo pronto encarguémonos de que no se olvide y no se repita.

 

 

 

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