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Las lluvias en Guadalajara, una bendición poco valorada  | Erik Castillo Camacho | El faro Cultural | Guadalajara Jalisco México

 
septiembre de 2012

Las lluvias en Guadalajara, una bendición poco valorada  | Erik Castillo Camacho | El faro Cultural | Guadalajara Jalisco México

  • La naturaleza nos grita a la cara que las ciudades no pueden estar hechas y pensadas para los autos

 

  • la lluvia es una bendición, si hay daños o percances estos se deben a la ineptitud para planear las ciudades

 

  • No estamos lejos de las ciudades distópicas de la literatura y el cine; esas ciudades en que la naturaleza es el enemigo; y lo plástico, lo artificial, nuestra zona de seguridad.

 

6:35pm, Avenida Federalismo, el cielo truena, la estación del metro de Mexicaltzingo parece el mejor lugar para el resguardo de la violenta tormenta que azota a la ciudad. Un joven con un estuche de guitarra en la espalda presume la impermeabilidad de su funda y se adentra en la lluvia, solo unos segundos después se pierde en la espesura de la tormenta. Lo demás; quejas por la cantidad de agua, caras disgustadas por el tiempo perdido a la espera de que “la maldita lluvia pase”. Pero la lluvia no cesa, incluso aprieta, golpea, sacude y limpia a los arboles. El agua reconoce su cauce topográfico natural; la calle Vidrio se convierte en un afluentenatural para el Rio San Juan de Dios. Desgraciadamente la mala noticia es que el Río ahora ya no existe, en su lugar contamos con un colector subterráneo de aguas contaminadas de un muy mal olor. Además, las calles con su ridícula sabana de progreso llamada carpeta asfáltica, repelen al agua, la aíslan de su madre natural, la tierra. Los mantos freáticos alterados al no recibir el agua de lluvia, comienzan a escasearse y a volver menos fértil a la tierra.

     El agua se venga de la ciudad haciendo baches; nos recordará una vez más que el automóvil es un invento nuestro, responsable en gran medida del desequilibro ambiental. La naturaleza nos grita a la cara que las ciudades no pueden estar hechas y pensadas para los autos. Los sujetos, los que respiramos y caminamos la ciudad no podemos estar subordinados al uso del automóvil. No estamos lejos de las ciudades distópicas de la literatura y el cine; esas ciudades en que la naturaleza es el enemigo; y lo plástico, lo artificial, nuestra zona de seguridad.Las lluvias en Guadalajara, una bendición poco valorada  | Erik Castillo Camacho | El faro Cultural | Guadalajara Jalisco México

     Son las 7:18, la lluvia continúa; la cara de un viejo sonríe entre la multitudde rostros largos que miran sin mirar al agua caer. El viejo saca la mano, toca el agua y casi inmediatamente después decide salir a la lluvia, dejarse tocar por el líquido vital que nos regala el cielo.  Camina lento, cruza la calle sin sobresaltarse al meter sus lustrosos mocasines al arroyo de la calle que lleva un respetable caudal.

     El viejo lo ha dejado claro, la lluvia es una bendición, si hay daños o percances estos se deben a la ineptitud para planear las ciudades, así como por el uso inconsciente de las mismas. Algunas causas del desequilibrio son: la basura en el suelo arrastrada a las alcantarillas, los ríos contaminados y entubados, el asfalto impermeable al subsuelos, el uso preferencial del auto, la depredación de arboles. En pocas palabras, la vida rápida y desarticulada, en completa ignorancia de los ciclos naturales.

     Debemos repensarnos en nuestra ciudad y cambiar nuestros hábitos si es que queremos seguir viviendo en ella; sino, tal vez lo único que quede sea la huida de las ciudades, la migración a otros horizontes donde sea posible empezar de nuevo.

 

 

 

 

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