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noviembre de 2012

 

  • Satoshi Kitamura habló sobre su carrera

 

  • El autor utiliza animales en lugar de seres humanos para además de jugar y divertirse, suavizar las situaciones que presenta

 

  • Kitamura no tiene problema un usar la tecnología para crear, pero prefiere dibujar a mano

 

 

La mañana del 27 de noviembre el autor japonés Satoshi Kitamura ofreció una conferencia de prensa en la que habló sobre su más reciente libro, Igor, el pájaro que no sabía cantar, publicado en el Fondo de Cultura Económica al igual que varios de sus trabajos anteriores, así como de diversos aspectos de su carrera. Kitamura, quien nació en Tokyo en 1956, es un autor e ilustrador de libros para niños –ha ganado algunos premios, entre ellos el Mother Goose Award, galardón británico para libros infantiles–, los cuales ya suman varias decenas desde el inicio de su labor en 1983.

 

Kitamura mencionó que inició a dibujar desde los tres o cuatro años de edad, y nunca lo abandonó. Cuando era niño dibujaba robots o aviones, objetos estructurales, y luego pasó a crear manga, el equivalente japonés a los cómics americanos o europeos. Durante esa etapa no pensaba que iba a terminar como artista gráfico y sólo se dedicaba a esta actividad como hábito. A los 19 años entró en el mundo profesional de la ilustración y trabajaba para otros autores, así como para revistas o bien se dedicaba a hacer anuncios. A los 23 años decidió ir a Inglaterra para estudiar idiomas, pero se decidió también por aprender técnicas de dibujo, pues su sueño era, y aún es, ser un mejor artista. Mencionó que nunca acudió a una escuela y que su aprendizaje fue autodidacta, de lo cual no se arrepiente, y que, si hay algo de lo cual no se sienta bien, es de haberse dedicado tan tarde a los libros para niños, pues inició hasta los 27 años.

 

Dijo también que no le molesta usar la computadora para crear, aunque prefiere hacerlo a mano, pues la tecnología llegó muy tarde a su vida. Comentó que no cree que haya una crisis en el mercado de libros, pues la gente aún lee: si no leyeran entonces sería una verdadera crisis. Agregó que cuando surgió la imprenta las personas desconfiaban de los libros, pues pensaban que perderían su memoria al no tener que usarla ya que la información estaba por escrito; de la misma forma, ahora que las nuevas tecnologías apenas empiezan a aparecer, se desconfía de ellas, pero opina que no actuarán en detrimento de la lectura, sino al contrario.

 

Sobre su trabajo dijo no tener un contacto muy estrecho con los niños, como para que las opiniones de estos influyan en sus historias, pero que por lo visto estas han funcionado bien, de modo que dibuja lo que siente y cree que son buenas historias, y así lo seguirá haciendo. Mencionó que los animales le gustan mucho, pues caricaturizan a los humanos, y de esa manera, además de jugar y divertirse tanto él como los lectores, sus narraciones no son tan rudas o duras como en el caso de que tuvieran protagonistas humanos. Emplear animales para él resulta un marco de seguridad. Sus preferidos son los gatos, pues el además el público se los pide.

 

Añadió que recientemente publicó en Japón un libro que trata sobre los inicios de su carrera, y que en esta actividad descubrió que la diferencia al escribir para niños o para adultos consiste en limitar o ampliar el rango de palabras, sin embargo no cree que sea prudente escribir sobre cualquier tema en el caso del público infantil. Al respecto de Igor, el pájaro que no sabía cantar, comentó que él es un artista que nadie entiende, pero que está a la vanguardia y por tanto es único, e invitó a leer su historia, la cual, por cierto, es muy breve.

 

 

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