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globo museo del niño- el faro cultural- museo de paleontología- museo de la ciudad

 
abril de 2013

 

globo museo del niño- el faro cultural- museo de paleontología- museo de la ciudad

  • El Globo Museo fue fundado en el tradicional barrio de Analco, el 30 de abril del año 2000

 

 

Entre carpas itinerantes, hombres orquesta, bufones y  manzanas acarameladas el nuevo invento de los hermanos Lumiere ve la luz de sus primeros días. Un tren se mueve hacia la audiencia, que aterrorizada cubre sus rostros y se protege de la máquina en movimiento. Después un suspiro mezclado con las risas generalizadas al ver que el tren no los ha arrollado. El truco está completado. La ilusión óptica ha sido majestuosa, el público ha sido burlado, la máquina de los sueños se ha echado a andar. Algo nos queda claro: la realidad es o puede ser ilusoria. Si ya la fotografía era mágica al congelar una imagen, el nuevo invento ha añadido la noción temporal de la vivencia humana; el cine es la nueva magia del siglo.

     En sus primeros pasos el cine fue puramente documental, registro de lo real; después llego el artista y comenzó a soñar para los demás. Los sueños compartidos son llamados obras de arte. George Melies, mago e ilusionista de profesión decide soñar para los demás y comienza poniéndole un cohete en el ojo a la luna en su Le voyage dans le lune. Pero ese es el pasado, el de los hermanos Lumiere, el de la invención del cine. El presente está aquí, en el París de los años veinte, en los hermosos tiempos de bonanza. La gran guerra nos mostró las atrocidades del campo de batalla. Ahora la música, el arte, el glamur son de nuevo un hecho inmanente y natural a la vida cotidiana. El lugar exacto es la estación de trenes, donde confluyen historias y tiempos personales, un lugar que habitamos por accidente o necesidad, nunca como un fin mismo, siempre de paso, nunca con vida propia, siempre con la nostalgia de la procedencia o el anhelo del destino. Se trata de un no lugar, perfecto para contar una historia que pretende habitar en un no sitio como lo es el lugar donde habitan los sueños y las fabulas. Ésta es la historia de Hugo Cabret, un niño huérfano que intenta reparar una máquina que dejaron a medio arreglo su padre y él; Hugo cree que reparando la máquina recibirá un mensaje de su padre. El futuro no lo sabemos y por ello estamos interesados en la película.

     Martín Scorsese en su filme nos muestra que somos terriblemente predecibles. Tras un vals de un cuarteto, y la imagen de unas flores entramos de inmediato en un estado romántico, que se arrebata tras un sonido de vientos tenebrosos, y el filtro azul de las afueras de Paris en una noche helada. Tensión y distensión conforman el relato fílmico; vamos de lo trágico a lo maravilloso. Perdemos y recobramos la esperanza en cada secuencia. La música es la gran aliada del cine, va predisponiendo el terreno para el desarrollo de nuestras emociones.

     En La invención de Hugo Cabret las historias que conforman la película se mezclan de forma mágica, comprobándonos que asistimos a un hecho extraordinario que nos es contado con la naturalidad con que se cuentan las fábulas. Durante el relato se nos amenaza con que el final feliz solo sucede en las películas, y así el filme reafirma su naturaleza ilusoria. La tragedia en la ficción es catártica y liberadora porque sabemos que no nos ocurre a nosotros.

     Después, las historias del filme deciden en un acto riesgoso mezclarse con la Historia real (escrita con mayúscula), con la verdadera, la de los nombres propios como George Melies, nacido en París en el año 1861, nuestra ficción se funde con datos fiables y corroborables. Tal vez sea una vuelta más por tratar de ser documento, pero alterable; ya que el arte nos da la libertad para crear sobre lo que pudo haber ocurrido. La ficción abre una grieta para construir su propia ucronía, su propia historia de la infamia. Y aunque se nos ha convenido que los finales felices son propios de las películas, nos costará trabajo encontrar nuestro final feliz, ya que la fábula que se nos cuenta es una gran ilusión que parece real, donde la tragedia es común.

     La invención de Hugo Cabret es sin duda un tributo a la cinematografía, al mundo de la magia, los sueños, el arte y la ilusión. Tiene como misión borrar un poco de atrocidad en la memoria colectiva y  poner un final feliz a una parte de la Historia de la humanidad.

 

 

 

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