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La reforma laboral. Una coyuntura para reflexionar el primero de mayo | Galileo Contreras

 
mayo de 2013

 

La reforma laboral. Una coyuntura para reflexionar el primero de mayo | Galileo Contreras

  • El Primero de Mayo, más que para festejar es para recordarnos que hay un cierto límite para la dignidad, que hay derechos por crear.

 

 

 

 

 

 

En este mes conmemoramos el Día Internacional de los Trabajadores o el Primero de Mayo, y que representa al “movimiento obrero mundial”. Mucho ha pasado desde ese día de 1886 en que la reivindicación de las ocho horas laborales era enarbolada por cientos de miles de obreros en las ciudades en proceso de industrialización de Estados Unidos, especialmente Chicago, donde se dio una de las represiones más fuertes al movimiento. Muchos muertos y heridos, también ejecutados, especialmente anarquistas.

Este suceso marcaría el inicio de las grandes confrontaciones de la “lucha de clases”: en el sentido estricto, una gran masa obrera (la fuerza de trabajo) y los capitalistas dueños de los medios de producción. Sorprende tan emblemática fecha que sólo pueden celebrar los que se ven beneficiados de una estructura laboral institucional.  Digamos que 127 años de lucha laboral tienen su historia, entre avances y retrocesos, entre la disolución de la “conciencia de clase” y la dispersión de las “masas”.

El Primero de Mayo, más que para festejar es para recordarnos que hay un cierto límite para la dignidad, que hay derechos por crear. Nos recuerda incluso a los países donde no ha habido revolución industrial, donde después de 127 años de las manifestaciones de Chicago no saben lo que es una jornada laboral de ocho horas, nos recuerda a los que carecen de trabajo, del debido sustento, de la atención médica, la jubilación, etcétera.

En este contexto me parece pertinente reflexionar sobre los acontecimientos, que en los últimos años, en materia laboral se han venido dando en México. Nadie podrá decir que no ha escuchado hablar de la “reforma laboral”, los debates sobre el outsourcing, la contratación por horas, entre otras. Para los reformistas esta “flexibilización” de la fuerza laboral es un impulso para la generación de empleo. Para los tradicionalistas, en cambio, todo es legitimar una pérdida de las conquistas que el movimiento obrero ha logrado a través de su historia.

No dejemos soslayar que, sin duda, trabajar una hora es mejor que trabajar ninguna, pero ¿de qué sirve trabajar una hora si no se puede sobrevivir?, ahora bien, esto representa más “libertad” para el trabajador que podrá vender su fuerza laboral de acuerdo a sus propias horas disponibles (quizá en sociedades con pleno empleo), y seguramente son las mismas condiciones en cuanto a seguro social, porque ¿querrá hacerse responsable algún patrón de sus trabajadores con contratos que, además de temporales son por hora? Bajo estas condiciones la propia reforma se contrapone al artículo 123 de la Constitución mexicana.

Sin duda ya no se trata sólo de la pérdida del estado de bienestar, que precariamente lo ha habido en México, sino del propio contrato social.

Después de esto creo que las reformas son necesarias, pero imposibles en el sentido humano, y que serán dadas a costa de mucho sufrimiento, no se puede reducir todo a una “lucha de clases” en sociedades cada vez más complejas y mediatizadas. Lo que definitivamente no se alcanza a ver es la nueva forma en que una sociedad, como la de hoy en día, pondrá un hasta aquí a los abusos de los controladores del dinero.

 

 

 

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