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El espejo y la pesa. Sobre el gimnasio | Andrés Amezcua | El faro cultural

 
junio de 2013

 

El espejo y la pesa. Sobre el gimnasio | Andrés Amezcua | El faro cultural

  • "¿Por qué esta obsesión por el verse bien? Una sencilla respuesta  que puede explicar tal fenómeno es el incesante aculturamiento por parte de los mass media al que estamos cotidianamente sometidos ... no es sólo hacer deporte como pasatiempo, ahora el fin parece ser necesariamente pragmático; ... para caber en la ropa ajustada que está de moda, para parecernos a la estrellita de Hollywood o de Televisa en turno y con ello entrar en los estándares de belleza establecidos."

 

Una obsesión invade los gimnasios, y no sólo eso, también es el motor inmóvil que mueve la maquinaria de éstos. La idea del acondicionamiento físico, del estar saludable, del verse bien, se ha convertido en el leitmotiv de la nueva generación posmoderna. Ya hasta en los ranchos más recónditos hay un gimnasio, signo de la decadencia de las costumbres pueblerinas. A las 6 de la mañana las señoras ya no van a la primera misa del día, lo nuevo es ir al aerobics en el recién instalado Leo’s Gym de la plaza.

¿Por qué esta obsesión por el verse bien? Una sencilla respuesta  que puede explicar tal fenómeno es el incesante aculturamiento por parte de los mass media al que estamos cotidianamente sometidos. El mensaje es hipócrita: La dupla DEPORTE-SALUD esconde un no muy sutil discurso: no es sólo hacer deporte como pasatiempo, ahora el fin parece ser necesariamente pragmático; ser deportista se convierte en la causa sine qua non para ser esbelto, para caber en la ropa ajustada que está de moda, para parecernos a la estrellita de Hollywood o de Televisa en turno y con ello entrar en los estándares de belleza establecidos.

Todo comienza sencillo. Se te encarna la idea en las entrañas de tu masa encefálica, como un gusano en una manzana podrida, los mensajes no son muy sutiles: ALIMENTATE SANAMENTE, TODO CON MEDIDA NADA CON EXCESO, HAZ DEPORTE, 30 MINUTOS DE ACONDICIONAMIENTO FÍSICO AYUDAN A MANTENERTE SANO, COME FRUTAS Y VERDURAS, HAZ DEPORTE, ALIMENTATE SANAMENTE, TERCER MEDIO MARATÓN ¡PARTICIPA!, OFERTA: 2x1 GIMNASIO ¡ÚNETE!; el contexto no ayuda: buenos cuerpos, ropa entallada, chicas guapas, más buenos cuerpos, más ropa entallada, Cristiano Ronaldo mostrando unos muy cincelados pectorales, chicas delgadas, muy delgadas, con muslos de piedra y nalgas bien estilizadas, gimnasios en cada esquina de la ciudad, pequeños y grandes, como bodegas, como fabricas de quemar grasa; los mensajes no son para nada sutiles.

Entonces uno cae en la obsesión, es presa de la moda, de la idea de cuerpo sano, de lucir bien, de tener una chica guapa, de ser popular, de ser invitado a fiestas, de poder ir a la playa y mostrar el cuerpo al sol. En una mimesis histérica se puede definir tal obsesión. Es así como uno decide ir al gimnasio y pagar una mensualidad con todo el ánimo del mundo. Yo me pregunto, ¿cómo diablos le haces para permanecer en el gimnasio? ¿Cuál es la motivación? ¿Qué alimenta la energía que gastas en la caminadora? ¿De dónde te viene la fuerza para pasar de levantar un peso de 5 kg a uno de 40 kg?

Tenemos, pues, que la obsesión inicia con el mensaje hipócrita, pero después ese mensaje ya ni siquiera es escuchado. Si aguantas el primer mes, los siguientes serán sencillos. Es cierto que muchos caen en el intento, pero los que quedan se convierten, literalmente, en una mutación extraña del deseo mimético.

La obsesión que alimenta y engrasa la maquinaria de los gimnasios es en dos sentidos mimética. La primera es la que surge de esa inclinación a imitar los modelos impuestos por la sociedad: CRISTIANO RONALDO MOSTRANDO SUS DELINEADOS PECTORALES. La segunda surge de la arquitectura y disposición de los aparatos en el gimnasio. El espejo y la pesa aseguran el éxito del negocio.

Como aparatos de tortura, las máquinas quemadoras de grasa se ubican estratégicamente. Esta ubicación estratégica es parte importante de la lógica disciplinaria de la que habla Foucault en Vigilar y castigar; en ese sentido, la analogía con la tortura no se aleja mucho de la verdad que esconde la disciplina del acondicionamiento corporal. La división es importante, y entre más extraños los aparatos, se intuye que aseguran mejor los resultados. La especialización del aparato depende del músculo a trabajar, esa especialización forma parte de los denominados “pequeños detalles” foucaultianos. En ese ambiente de disciplina y tortura, docilidad-utilidad, a la que se somete el cuerpo en esas grandes cámaras de quemar grasa, habrá algunas ovejas descarriadas, algunos glotones, a los que les costará entrar en esta lógica disciplinaria, pero tarde que temprano caerán.

Lo más importante en todo gimnasio son los espejos. El espejo alimenta el ego, el ingrediente favorito de este alimento es la pesa. Ambos se disponen de una manera que se corresponden. Los espejos deben ser grandes, que muestren el cuerpo completo, y, si se puede, adulterados, es decir, que aumenten el músculo en todos sus sentidos. Las pesas deben estar bien acomodadas en una gran hilera delante de los espejos, de menor a mayor tamaño, para que cuando el individuo tome la pesa, en un acto de burda vanidad, se observe fijamente y se dé cuenta que comienzan a verse resultados. 

Cuando se toma la pesa, inevitablemente el músculo hace fuerza, y con ello se ensancha. Esto lo saben muy bien los dueños del negocio. El individuo que toma la pesa y se ve en el espejo alimenta su ego y vanidad miméticamente. Yo y mi otro yo, yo y lo que veo en el espejo. El deseo- reflejo se materializa en el acto de levantar la pesa frente al espejo. Hablar de deseo-reflejo ya no es una simple metáfora del acto mimético, sino una realidad de facto. Más te ves, más te gustas; mas te esfuerzas, más corres y más peso levantas. Los suplementos alimenticios, los quemagrasas y demás cosas, no son tan necesarios como uno podría pensar; el negocio logra su cometido, asegura una mensualidad más.

Con este deseo-reflejo, la obsesión se exponencializa. El individuo muta en un monstruo por su deseo egocéntrico de lucir bien y más fuerte. Los músculos crecen, nace una dependencia enfermiza; los gastos se multiplican: suplementos, quemagrasas, ropa deportiva, mensualidad, etc.

La obsesión se reproduce, se propaga en la sociedad. Esto quizá explica la cantidad de gimnasios que han comenzado a brotar en la ciudad. Me he topado con varias grandes fábricas de energía humana cuando salgo a caminar. A veces aunque no quiera uno, capta el mensaje, cae en las redes del discurso establecido. Por eso he decidido ir (si se puede decir que sea una verdadera decisión)  a un gimnasio. Me he dejado arrastrar por esa vorágine mimética.

 

 

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