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junio de 2013

 

  • "Lo que hay en Sade y trascendió, no sólo su propio tiempo, sino al día de hoy, es, además de su vasta obra, que abarca al género epistolar, la novela, el cuento, el ensayo, entre otros, su capacidad de ver el aspecto más oscuro del ser humano, revelarnos hasta qué punto pueden ser las mismas instituciones de una sociedad lo que la corrompen"

 

 

El pasado dos de junio fue el 273 aniversario del nacimiento de Sade –me refiero al marqués, claro–, Donatien Alphonse François de Sade, el autor “maldito” por antonomasia, y reconocido aún más con el nombre de marqués de Sade. Precursor del concepto “sadismo”, entendido como desviación sexual de aquél que goza humillando, sometiendo, infringiendo dolor, sobajando, etcétera, a su pareja.

    

Pero no me interesa hacer un recuento de las formas en que esa estigmatización resultó como concepto psicoanalítico, psiquiátrico o psicológico. Conceptos, sombras con las que se pretende vislumbrar la realidad, Sade sería, en éste sentido, un mártir que legó su nombre a la ilustración de la razón. Alguien, que por decir la verdad tendría que ser asociado a los mismos males que ilustró en sus obras, males que eran el reflejo inconsciente de la sociedad que retrataba, sociedad que se derrumbaba política y moralmente. Sade hace reventar la pústula de una sociedad que se revolvía en podredumbre, es el síntoma imprevisto de una revolución popular, es un condenado del Ancien Regime por una lettrre de cachet que consiguió su suegra en la corte para encarcelarlo por trece años; y fue una víctima de la Revolución francesa cuando fue enviado a un sanatorio mental, tras la publicación de Justine o los infortunios de la virtud; pero ante todo esto el mismo marqués de Sade sirvió en un momento dado tanto a los intereses del Ancien Regime en la Guerra de los Siete Años, como al gobierno revolucionario siendo ciudadano activo y haciendo escritos públicos.

     Pero lo que hay en Sade y trascendió, no sólo su propio tiempo, sino al día de hoy, es, además de su vasta obra, que abarca al género epistolar, la novela, el cuento, el ensayo, entre otros, su capacidad de ver el aspecto más oscuro del ser humano, revelarnos hasta qué punto pueden ser las mismas instituciones de una sociedad lo que la corrompen, hasta aquí, sin duda Sade fue un profuso lector de Rosseau, y sin ir por el sentido inverso de sus planteamientos, son, cuando menos en el caso de Justine, las mismas honorables instituciones las que indefectiblemente la subsumen a una condición de sufrimiento y exasperación, pues es, desgraciadamente, su propia virtud la que la hunde cada vez más en una sociedad regida por el vicio. Quizá sea este el motivo por el que Sade atravesó tantas penurias y penalidades en la vida, quizá experimentó en su piel los mismos desenfrenos que describe, quizá sea más la leyenda que su genio maldito.

     Por eso hoy, con el pretexto de los 273 años del nacimiento de Sade reflexiono y no encuentro en esta sociedad contemporánea muchas diferencias con respecto al pasado, como si nos quisieran hacer creer que el sadismo nació con Sade y no con la sociedad misma, lo que no se puede negar es que no exista, y por supuesto las hordas de correligionarios que a falta de emociones, extreman sus odios ya sea por acuerdo, o imposición. Son 273 años del nacimiento de Sade, y al día de hoy su lectura resulta vigente, no para justificarse en la violencia y la corrupción, ni para darse golpes de pecho ante los “corruptores” de la juventud, sino para indignarse, de verdad, de todas nuestras perversas obsesiones.

 

 

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