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El Faro Cultural | Círculo que se cierra | Gerardo Cruz-Grunerth | De lo imposible Ediciones | Juan Carlos Gallegos

 
noviembre de 2013

 

El Faro Cultural | Círculo que se cierra | Gerardo Cruz-Grunerth | De lo imposible Ediciones | Juan Carlos Gallegos

  • Círculo que se cierra es el tercer libro de Gerardo Cruz-Grunerth, después de Últimas horas (fe de erratas) (2008, Centro Nacional de las Artes y el Centro de Arte y Nuevas Tecnologías), y Tela de araña (2011, Ficticia).

 

  • Fue publicado por De lo imposible ediciones y es integrante de la colección de narrativa contemporánea Voces en el Incendio.

 

  • Contiene 17 textos narrativos que tienen varios elementos comunes: la narración en primera persona, una prosa cuidada que llega a centrarse en los detalles, y los señalamientos que ahondan en cuestiones como la identidad, la soledad, e incluso el acto de escribir y la metatextualidad. Aborda también una buena variedad de modalidades narrativas.

 

Círculo que se cierra es el tercer libro de Gerardo Cruz-Grunerth, quien obtuvo el Premio de Narrativa Manuel José Othón en 2009 y una mención honorífica del Premio Nacional de Cuento Joven Comala 2010, así como también es autor de Últimas horas (fe de erratas) (2008, Centro Nacional de las Artes y el Centro de Arte y Nuevas Tecnologías), y Tela de araña (2011, Ficticia) y ha aparecido en la antología Cuentos potosinos (2010, Gobierno de San Luis Potosí).

 

Círculo que se cierra, publicado por De lo imposible ediciones e integrante de la colección de narrativa contemporánea Voces en el Incendio, contiene 17 textos, algunos de ellos bastante breves; al margen de si son cuentos o minificciones, estas narraciones comparten, en su mayoría, además de su brevedad, característica en algunos casos tan marcada que no deja lugar a dudas sobre cómo se podría clasificar al texto en cuestión, varios elementos comunes: la narración en primera persona (resulta curioso que todos los protagonistas son hombres, pero en un texto escrito en segunda persona, “Propia epifanía”, la voz narrativa habla a una mujer), una prosa cuidada que llega a centrarse en los detalles (como las pequeñas perlas de agua que descansan sobre los hombros desnudos o no del protagonista, tras el baño o la exposición a la lluvia), y señalamientos que ahondan en cuestiones como la identidad, la soledad e incluso el acto de escribir y la metatextualidad.

 

Algo que es común en el libro son los diferentes estilos que caracterizan a las narraciones. Así, las hay desde las que hacen una explicación de los hechos de manera directa, sencilla, hilvanando las acciones y los recuerdos de manera que se muestra con claridad qué es lo que ocurre (aunque esto no quiere decir que no hay más profundidad en las acciones mostradas que la que se muestra en apariencia), hasta las que recurren a un lenguaje que (casi) obliga a la relectura pausada, sin velocidad, para así saber qué es lo que se esconde tras esas combinaciones de palabras que apelan a la metáfora e invitan a descubrir cuál es la combinación de significados que hay detrás de cada frase, y en suma, tras el texto completo (aunque puede decirse que lo que se esconde, en algunos casos, es un erotismo que pareciera querer ser secreto, y que al descubrirse se presenta elegante en su descripción). Para muestra, unas pocas líneas que ejemplifican lo anterior:

 

“De niño jamás pude hipnotizar a nadie, pasé largas jornadas intentándolo. Hice mover el péndulo frente al rostro de cada uno de mis vecinos y tíos. Nada. / Una tarde, una pareja de viejos sentados en la banca del parque accedieron a mirar la pieza de vidrio que había quitado del candil de la casa y atado a un hilo de unos veinte centímetros.” (Fragmento de “¿Eres un hipnotista?”).

 

“Los ojos sanguinolentos de paloma inmaculada justificaban tus pasos hasta el zaguán de mi casa, la inconfesable decisión era un eco silencioso que me hinchaban los trémulos latidos. / Sólo así te habrías atrevido a estar allí, sabiéndote fuera de una realidad de cinco sentidos, con mi movimiento de labios tan lento como cotidianamente es imposible; mi voz perdida, atascada, luchando por tomar su velocidad; mis mudas sílabas te llevaban al interior de los oscuros cuartos jalándote de las pantorrillas.” (Fragmento de “Turbio mirar”).

 

Sin embargo Cruz-Grunerth no se conforma con manejar la complejidad o la sencillez en la narración, con manejar diversos registros de la oralidad o la textualidad, sino que va más allá, y en algunos casos se puede hablar de cierto afán experimental: “Aprehendiendo la lectura semiótica de un día de verano” y “Ocurre eventualmente a diario” no tienen puntuación alguna, más que el punto final (en el segundo además algunas frases se separan de la siguiente por varios espacios en blanco que sustituyen a la coma), además el sentido o la lógica misma de estos textos pareciera compromerte en ciertos casos, pues, por poner un ejemplo, se niega lo que acaba de ocurrir y en seguida se continúa con lo que se ha negado que ocurrió; en otros casos, como en “Recurrente rompecabezas”, contrasta la buena puntuación y la organización del texto en párrafos bien distribuidos con el sentido de las frases, mismo que andando la narración se presenta (aunque no significa esto que el sentido no estuviera ahí antes) y al hacerlo parece contar la historia al lector por segunda vez, antes de haber terminado una primer lectura.

 

Los temas presentes en el libro aparecen en varias narraciones. El uso de la primera persona, frecuente, no resulta casual, pues se relaciona con la soledad en que está sumergido el protagonista de más de una historia. También la primera persona se relaciona con los casos en los que se habla de la identidad, de quién se es en realidad, de los desdoblamientos. En más de una ocasión el narrador habla del acto creativo de la escritura, la cual en ocasiones llega a presentarse en la realidad del relato y lo invade, así, no sólo los personajes experimentan un desdoblamiento, sino que también se entremezclan diversos planos de realidad, y lo que era ficción dentro de la ficción acaba confundiéndose con la ficción que se lee. El acto de la escritura convertida en metaficción también se presenta en la experiencia descrita de un personaje, que sólo es palabras y no rasgos, que habla de su prolongado trotar por mundos, páginas y bocas. Lo fantástico se entrelaza con lo real y al llegar a punto final no se sabe si esto último sigue siendo así o si ha dejado de serlo.

 

En suma, Círculo que se cierra es una variedad de modalidades narrativas, que van de la brevedad muy acentuada a una moderada, de la descripción de hechos directa y clara (al menos en apariencia) a la que presenta una combinación de discursos y significados (más acentuada), de la narración convencional a la experimental y de las estructuras típicas a las que modifican la organización del texto mismo a favor de lo descrito. Libro de no pocas narraciones, Círculo que se cierra invita a ser leído rápido y releído con calma.

 

 

 

 

 

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