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El Faro Cultural | Pollo blanco editorial | Manuel, el cubano loco | Saša Stanišić | Juan Carlos Gallegos

 
enero de 2014

 

El Faro Cultural | Pollo blanco editorial | Manuel, el cubano loco | Saša Stanišić | Juan Carlos Gallegos

 

  • Manuel, el cubano loco, es el primer libro aparecido bajo el sello de la editorial Pollo Blanco. Saša Stanišić, el autor, ha ganado los premios Adalbert-von-Chamisso, en 2008, así como en 2013 el Alfred Döblin, fundado por Günter Grass, además de que sus textos han sido traducidos a más de veinte idiomas.

 

 

Manuel, el cubano loco es un libro de la autoría del europeo Saša Stanišić, y el primero en ser editado por la editorial Pollo Blanco, de reciente creación. Stanišić, nacido en 1978 en Visegrado, Bosnia y Herzegovina, cuyas obras han sido traducidas a más de veinte idiomas, ha ganado los premios Adalbert-von-Chamisso, en 2008, así como en 2013 el Alfred Döblin, fundado por Günter Grass. La edición que realiza Pollo Blanco da como resultado un libro de pequeño formato, de pasta dura, y de buena calidad. La historia que contiene tampoco es muy extensa, pues apenas llega a las 42 páginas, de modo que el formato del libro resulta ser el ideal para esta narración.

 

Stanišić es un autor que se caracteriza por una prosa coloquial y con tonos absurdos, cuestiones que se reflejan en la traducción y la trama: el narrador utiliza palabras comunes, (lo cual incluye lenguaje no formal pero de uso popular extendido, como en el caso de poli, por decir policía) e incluso, en ocasiones, altisonantes, para describir lo que ocurre, y lo que dicen los personajes. El protagonista de la historia ya es mencionado en el título: se trata de un cubano llamado Manuel, quien vive en La Bailonga, “la casa más ruinosa del  mundo”, ubicada en provincia burguesa del sur de Alemania, situación que muestra desde un inicio la recurrencia a lo absurdo por parte del autor. El narrador que nos cuenta lo que ocurre resulta ser un amigo del caribeño, y se centra en la vida de éste, mientras que de la suya no dice gran cosa, salvo que trabaja como vigilante nocturno en un edificio financiero, a la vez que deja entrever que se dedica a la práctica de la escritura.

 

No son pocos los personajes que aparecen. Gracias a algunos de ellos puede observarse la multiculturalidad presente en Alemania: algunos turcos amigos de aquel que narra y del cubano; la novia de éste, que resulta de nacionalidad griega. Tampoco todo se restringe a lo que ocurre en La Bailonga y sus alrededores, pues en cierto punto se cuenta lo que pasó con el padrastro de Manuel, un alemán dedicado al narcotráfico y avecindado en Cuba: cuando es delatado acerca de sus actividades ilícitas, se “enfrenta” a la policía (en realidad todo es una escenificación, pues los agentes gozaban de los sobornos con bastante regularidad), aunque la persecución y su desenlace resultan una parodia de aquello a lo que es recurrente en las películas norteamericanas, de las cuales “El Alemán tenía a montones”. También se habla de los hechos previos y posteriores al momento en que la policía va tras el capo.

 

La historia principal trata en un inicio de los pormenores de la vida de Manuel, quien “hace del desprecio su revolución” en su mansión derruida (herencia del padrastro), pues rechaza verbalmente hasta los cigarros que le ofrecen, pero de todos modos siempre los fuma. Desde las primeras páginas ocurre algo que será el germen de la situación final: Manuel recibe una carta de deportación del gobierno germano. Cuando llega el momento de que los agentes vayan por él, está desnudo, símbolo de que está despojado de todo. Sin embargo, la escena final no es tal, pues una vez concluida reinicia, de modo que se ofrece al lector una versión alterna del arresto (nada que no se comente en la contraportada del libro).

 

Hay indicios que muestran que partes de la historia, o bien toda, completa, puede ser sólo producto de la imaginación de aquel que narra (tampoco nada que no se cuente en la contraportada); uno de ellos es la siguiente frase: “Lars, el tonto policía, salta sobre una pirámide de hojas de castaño producto de mi imaginación”, la cual no es única en su tipo, pues otras señalan la relación particular que hay entre los hechos o lo dicho con lo que el narrador imagina o registra con su escritura (y a ellas vienen a sumarse las dos versiones de la detención), por lo cual es válido preguntarse, cuánto es verdad y cuánto no lo es (dentro de la ficción que se lee, claro está).

 

A pesar de lo anterior, hay una situación que no resiente que lo ocurrido sea verdadero o ficticio. En los momentos previos a la llegada de los agentes, el narrador comenta lo que ocurrirá: “A Manuel lo expulsan y a nosotros nos quitan el trozo de vida que hemos vivido con él. Cuando se vaya nos volveremos más solitarios, más dejados, pues lo que nos queda es el recuerdo”. Ambas frases son válidas también en nuestra realidad, y muestran como víctima no sólo a quien es expulsado del país por medios legales (quien pierde el espacio en que se vive), sino a todos aquellos que han compartido momentos de su vida con esa persona.

Manuel, el cubano loco es una historia, escrita por Stanišić y traída a nosotros por Editorial Pollo blanco, para hacernos preguntas sobre lo que vivimos, sobre lo que leemos, y también para pasar un buen rato en compañía de Manuel y sus amigos en La Bailonga, antes de que los agentes toquen la puerta para llevárselo.

 

 

 

 

 

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