Casa Juan José Arreola, un buen motivo para visitar Zapotlán

Casa Juan José Arreola, un buen motivo para visitar Zapotlán
0 18 mayo, 2015

Didí Sedano

Hay tantas cosas que hacer en Zapotlán, después o antes de comer tostadas. Zapotlán que se reinventa en palabra que se dice en su nombre, en el mítico paisaje que hace el coloso volcánico que estoico vigila la quietud de ”una laguna soñada que se disipa en la aurora”. Venir a conocer Zapotlán obliga a caminar por sus calles, por esas mismas que pisó Pablo Neruda y que también recorrió Carlos Pellicer, -uno le regaló una Oda y el otro le confirió el gallardo epíteto de la Atenas de Jalisco.

     De todos los orgullos zapotlenses, uno de los principales y más representativos en el ámbito de las letras es Juan José Arreola, nuestro último juglar, quien también caminó interminables veces por estas calles mal trazadas. Arreola que en un ir y venir dejó el halo de su palabra en muchos rincones de este pueblo grande, grande no por el tamaño sino por su espíritu afanoso.  Si se viene a Zapotlán se debe venir a conocer a Juan José Arreola, Zapotlán es a Arreola, como Arreola es a Zapotlán, hay un punto de equilibrio dónde no sabemos a ciencia cierta quién inventó a quién, si nosotros (los zapotlenses) hemos creado a Juan José o Juan José (re)creó a Zapotlán en La Feria.

     Para conocer a Arreola hay que leerlo, y leer no se reduce a juntar letras y armar palabras, leer es descubrir e interpretar gestos, silencios, recuerdos y una que otra sombra. En Zapotlán tenemos para propios y extraños -lean a Arreola- una casa, pero no  cualquier casa, es la casa en la que vivió Juan José, una casa que el escritor pensó y escribió para ser su hogar, porque los que saben escribir lo escriben todo, su vida, sus recuerdos, sus lugares, su herencia, y Arreola era un hombre que todo lo escribía porque era hombre en cuyo cuerpo no cabían las palabras y por eso andaba por ahí regalándolas a quien se cruzara en su camino, a don Carlos “el Pitis” por ejemplo, que mientras le hacía cualquier reparación a la vespa, le regalaba palabras,  aventuras y hasta la promesa de volverlo personaje de un cuento, y es que cuando se es escritor uno no se puede quedar con las palabras adentro, hay que sacarlas a que les dé aire, a que los otros las miren correr libres e infantiles.

      La casa que ha servido como escenario para presentar libros, impartir talleres, de cuento principalmente, además de fungir como galería es un museo de sitio donde se pueden admirar objetos personales del escritor que nos narran un poco de la vida fantástica del zapotlense: Parte de su biblioteca personal,  la mesa de ajedrez que él mismo fabricó, la vieja máquina de escribir que espera quieta sobre el secreter los ojos curiosos que le pregunten cuántas cosas maravillosas no llegaron a las imprentas. Recortes de periódicos que testifican su actividad teatral, cartas que así como firmó Paz también lo hizo Cortázar, sus libros que en las  portadas muestran nombres escritos en letras cuya gramática nos es ajena y tan lejana como lo es aquella época cuando siendo un niño nuestro Arreola se enseñó a hablar francés viendo películas del “Cine Matur”

     En 2008 se inauguró como un taller literario, museo y galería la antigua casa habitación de Juan José Arreola. La casa cuenta con tres hermosos patios donde se encuentra “Habitario” un conjunto de esculturas realizadas por Ramón Villalobos Castillo, mejor conocido como Tijelino (también artista zapotlense).

      La Casa Taller Literario Juan José Arreola cierra, como todo museo, los lunes. De forma permanente ofrece un taller de ajedrez (una de la pasiones del escritor). Actualmente se está ofertando un taller de fotoperiodismo abierto al público pero la actividad es constante como lo comprueba su página de Facebook donde también se pueden encontrar informes sobre ubicación, teléfono, próximos eventos que siempre están a la altura de un sitio como lo es la maravillosa casa que Arreola heredó a su pueblo, a su “Zapotlán el Grande, que de tan grande no lo hicieron ciudad”.

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