Un enfermo de nervios en el tren (acuérdate del café y las servilletas verticales) | Sobrevivir

Un enfermo de nervios en el tren (acuérdate del café y las servilletas verticales) | Sobrevivir
0 11 mayo, 2015

Ingrid Valencia

Poco antes de despertar soñé algo extrañamente bello de lo que media hora más tarde apenas sabía nada más.

Robert Walser

Y uno está con fiebre envuelto en sudor bajo las cobijas, expuesto al humor fétido del cuarto y ante los ojos de la presencia deleznable.

     Es la mirada que se olfatea. Es la mirada que lo sabe todo y uno debe rendirse, disfrutarlo o continuar dentro de la espesa neblina maloliente.

      A veces el llanto o el temblor de las manos son un alivio, sobre todo porque indican que uno puede moverse incluso con miedo. Con el tiempo escasean los recursos de la expresión, uno se acostumbra a la enfermedad, a la mirada vigilante, al olor propio del hartazgo.

     Un paranoico debe hacer un hueco en la pereza, llevar al máximo la rutina circular para entender lo que está de más, lo desarticulado, y señalar lo que sale de control. Durante el trayecto cotidiano habrá de saludar a los mismos comerciantes y cerrar los ojos en el metro, fingirá la siesta para no mirar los rostros ni los zapatos de la gente y así evitar la cansada observación de gestos y manías.

     Cualquier desplazamiento implica una negociación íntima, es por eso que para un paranoico es casi imposible escribir, salvo si él es objetivo es contar el padecimiento.

     Así lo hizo Daniel Paul Schreber en sus Memorias de un enfermo de nervios (1903), donde describe su estancia en la clínica, los tratamientos médicos, las alucinaciones, el contacto divino, las visiones, la incitación de las voces y la sensación de los “rayos”. La edición que me obsequiaron contiene una nota introductoria de Roberto Calasso, la cual abunda en los lectores de las Memorias y nos entrega la preliminar de los otros ojos que se acercaron con curiosidad un tanto médica, un tanto psicoanalítica, un tanto fenomenológica.

     Habré de leer Loco e impuro (1974), la primera novela de Calasso, escrita a partir de… ¿Schreber?

     Los textos de un paranoico provocan morbo. Es notable que Schreber justifique su escrito como “necesario” para aquellas personas con las que convivirá al salir del hospital. Ellas tendrán que saber, dice, sus concepciones religiosas para que “aun cuando no comprendan su conducta”, tengan una noción de lo que sucede.

     Es probable que el dibujo y la pintura otorguen un estado de olvido momentáneo de la enfermedad y uno plasme lo que no se puede decir. Escuchar música es un problema si no se ordena el playlist. Las canciones de la radio, los programas de la televisión y la conversación con otros representan una amenaza. Se cree que todo el mundo es impostor. Todos tienen la culpa de algo. Fumar, estar con la luz apagada y en silencio es reconfortante. El corazón se calma y se deja de sudar —porque no importa si la mirada está allí y observa a uno en claroscuros, la media luz parece interesante a los ojos del vigía. Es la foto ad hoc en el marco del barroquismo posmoderno de un seudo rebelde punk maldito. La desconfianza lo envenena todo.

     La acción mínima implica también el menor daño, los movimientos lentos abarcan más espacio durante el día. Así noche con noche, uno se queda inmóvil y deseoso de estar en la habitación sin ventanas ni aparatos eléctricos. Lejos de cualquier señal, conductor de electricidad o cualquier otro artefacto del progreso.

     El paranoico se sabe único e indefenso, no es capaz de controlar el flujo de relaciones que se ajustan al patrón verosímil de sus límites. Siempre está en busca del sitio donde consiga deletrear el confort de sus penas sin remordimiento. En la novela Ventajas de viajar en tren (2000), de Antonio Orejudo, uno puede entrar allí como ese lector morboso y vislumbrar el juego de máscaras y geografías. El debut del seudo personaje paranoico es rotundo, se presenta como Ángel Sanagustín ante una joven desconocida: “¿Le apetece que le cuente mi vida?” El tren avanza.

Música de pie de página: Leonard Cohen: Can’t Forget: A Souvenir of the Grand Tour, disponible en https://www.youtube.com/watch?v=Mhjxu2VTN3g

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