Alejandro Vázquez Ortiz, entrevista al Premio Nacional de Cuento Joven Comala 2015

Alejandro Vázquez Ortiz, entrevista al Premio Nacional de Cuento Joven Comala 2015
0 14 julio, 2015

Martín García López

Como cada año Conaculta, a través del Programa Cultural Tierra Adentro y el Gobierno del Estado de Colima convocaron al Premio Nacional de Cuento Joven Comala, del cual salió victorioso Alejandro Vázquez Ortiz con su colección de cuentos, “Deja decir a Dios qué hacer con sus dados”. Enseguida presentamos una entrevista hecha al escritor.

 

¿Desde qué edad escribes y cuándo se volvió algo importante en tu vida?
Llevo escribiendo más de la mitad de mi vida. Unos diecisiete años, más o menos. Durante mucho tiempo solo y sin gran interés por publicar. No sé si diría yo que es importante en mi vida. Porque ya es parte de ella. No concibo mi vida sin escribir. Es como decir que es importante comer o dormir. Es importante, sí. Pero es tan básico que ya ni reparas en su importancia. Es algo que haces y ya está.

 

¿Cuándo iniciaste este libro y por qué?
Los cuentos tienen diferentes cronologías. El último lo terminé un mes antes del cierre de la convocatoria (hace menos de seis meses), el primero puede que tenga más de seis años escrito, aunque los corrijo constantemente. ¿Por qué escribir este libro? Los libros de cuentos se me van armando solos. Durante el proceso que van naciendo cuentos o los voy colocando en un orden u otro hasta que empieza a convencerme una cosa o la otra. Pruebo, doy a probar. Al final sale la cosa menos pensada.

 

¿El nombre que le pusiste a la antología, qué significa, de dónde viene?
Por decisión editorial consensuada, el libro se llamará “La virtud de la impotencia”. El título de “Deja de decirle a Dios qué hacer con sus dados” es el título de un cuento de la antología y es en realidad una frase que hace referencia a la mecánica cuántica. En el marco de la Quinta conferencia del Instituto Solvay de Física y Química en torno a los electrones y fotones, Einstein, que no le gustaba mucho las consecuencias de los descubrimientos de la mecánica de cuantos (es decir, de proporciones cuantificables de energía/partículas que avanzaban a saltos), lanzó, en una conversación con Niels Bohr, la famosa frase de: “Dios no juega a los dados”, para intentar mantener una noción de causalidad clásica para los fenómenos físicos. La frase ha quedado para los anales de la historia de la ciencia y confirman a Einstein como el último de los físicos clásicos que quieren entender los fenómenos a través de relaciones causales. Menos conocida es la respuesta que Niels Bohr le dijo a continuación, que fue precisamente esa: “Einstein, deja de decirle a Dios qué hacer con sus dados”. El cambio de nombre no es tan grave ni tan importante. “La virtud de la impotencia” cumple una doble función: a la vez encierra semánticamente el espíritu de los cuentos; y por otro lado, hace homenaje a mi maestro, de quien tomo el epígrafe que abre la antología, Agustín García Calvo. El epígrafe es el último terceto del primero de sus sonetos teológicos: “Yo soy el acto de romper la esencia: / yo soy el que no soy. Yo no conozco / más modo de virtud que la impotencia”. Creo que sigue rescatando, la misma tesis del anterior título. Al fin de que se trata de una guerra siempre viva entre lo de arriba (los planes humanos, las causas físicas, las voluntades) y lo de abajo (los fracasos, los desvíos, los deseos); es decir, la omnipotencia divina contra la omniinpotencia de las creaturas que por aquí decimos que viven.
¿Qué esperas que tus lectores sientan al leerte?
Me llama la atención la palabra sientan. Bastante bien traída, por cierto. Que a veces entre una literatura que quiere fomentar el ocio (es decir, que los lectores dejen pasar el rato sin más) u otra que pretenda ser muy sesuda, de registro o hasta medio pedagógica, se nos va resbalando eso de sentir. De sentir de verdad. Y hasta puede sonar cursi o digno de mofa. Pero es que sentir es cosa muy peligrosa hoy día, ¿no? Sentir algo de veras te puede cambiar la vida. Los textos no aspiran a tanto. Pero si alguien llega a sentir algo… si llega a experimentar algo, pues que sea una herida. Creo que si para algo sirve la literatura debería ser para eso. Para sentir un desgarro entre lo posible y lo planeado. También espero que se aburran un poco. Creo que hay pocas cosas tan sanas y tan menospreciadas hoy día que el aburrimiento.
¿Algún escritor al que le debas tu inspiración?
No sé si llamarlo inspiración. Más bien prefiero verlo como instrucción. Y definitivamente es la de Agustín García Calvo. Creo que su obra, prolija y brillante, está muy a la sombra por motivos desconocidos. Mi idea es vindicarla, pero más importante… ver de qué manera se puede, desde lo que hago, contribuir a lo que García Calvo inició: una guerra lógica, lúdica y sin fin contra la Realidad. De eso se trata todo esto. Nada más.
¿Por qué y cuándo tomaste la decisión de mandar a concursar?
Bueno, son cuestiones puramente prácticas. El mundo editorial es un erial con pocas oportunidades. Eso lo sé como autor y como editor. Hace aproximadamente unos siete años empecé a sentir la urgencia por publicar. Jamás lo había hecho. Ni siquiera me había preocupado mucho por el asunto. Empecé a intentarlo y se me dificultaba. El concurso es una vía rápida. Es una buena forma de mostrar el trabajo. Ya había concursado con otro libro de cuentos Artefactos en el 2009, y ganó una mención del jurado.
¿Qué le dirías a tu trabajo si fuera una persona?
Gracias, pero no gracias.

 

¿Tienes planeado algún texto a futuro y de ser así, de qué trataría?
Claro, siempre estoy escribiendo y con mucho desorden. Y sinceramente no sé qué es lo que terminaré primero o se publique primero. Es difícil saber. Eso sí, estoy seguro que seguiré haciendo cuento mucho tiempo. Es el género más respetable de todos, creo yo.

 

Alejandro Vázquez Ortiz, Premio Nacional de Cuento Joven Comala

Alejandro Vázquez Ortiz, Premio Nacional de Cuento Joven Comala

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