Noel Rene Cisneros Peña, ganador del premio Julio Torri 2015 / Entrevista

Noel Rene Cisneros Peña, ganador del premio Julio Torri 2015 / Entrevista
0 7 agosto, 2015

Martín García Lopez

Hace poco tuve la oportunidad de conversar con Noel Rene Cisneros Peña, ganador del premio Julio Torri 2015, por su colección de cuentos, Gloria Mundi nuevo Liber Pontificalis En la charla aproveché para hacerle una entrevista, este fue el resultado:

¿Por qué empezaste a escribir?

De niño los juegos que más me gustaban eran aquellos en que podía armar historias, largas, dilatadas epopeyas con granjas de plástico, con juguetitos de mcdonalds que mis primos enviaban del otro lado; disfrutaba también escuchar las historias que mi abuela nos contaba, historias de caballos que en medio de una tormenta de nieve volvían al hogar con el jinete inconsciente a cuestas; escuchar a mi padre hablarme de sus lecturas, cuando me explicaba bajo un táscate de lo que está hecha una enana blanca —imaginar esa cuchara de material pesadísimo blanco y luminoso—. Todo ello fue abonando para que surgiera en mí la necesidad por los relatos, por las historias, por el asombro del mundo; ante el cual siento la necesidad de escribir.

Mis primeros intentos de escritura son extraños, el primero incluye una especie de taller literario. En tercero o cuarto de primaria nos encargaron un poema a la bandera, el cual entusiasmado escribí (sin haber leído más poemas que algún verso desperdigado en los libros de texto, aún no tenía ese bello Libro de Lecturas de Quinto Año), en ese poemita comparaba los colores de la bandera a joyas (esmeralda, perla, rubí), se lo enseñé a mi madre y ella fue mi primera crítica, la primera que me corrigió, me señaló la facilidad de esa comparación, el lugar común, y que los colores pueden representar otras cosas.
Luego, poco a poco, fui orientándome hacia las letras, un cuaderno en la secundaria con un intento de novela que destruí luego de la primera crítica; una novela que sólo alcanzó las 100 cuartillas de las al menos 300 proyectadas escrita a los dieciocho años y en una Olivetti roja. Algunas de esas hojas a veces las encuentro en casa de mis padres, para vergüenza mía.

Para entonces yo ya quería ser escritor, pero aún no me comprometía, no me asumía como tal. Entonces entré a la Facultad de Filosofía y Letras en Chihuahua, conocí muchas personas, entre otras con quien tuve una relación por ocho años y medio, a él le debo asumirme como escritor plenamente. A su lado emprendí este arduo camino que es la escritura, con él conocí grandes amigos, como Enrique Servín, quien también ha sido mi maestro y con quien estaré profundamente agradecido. El libro, sin ir más lejos, está dedicado a él, bueno, y también a mis dos sobrinos.

¿Cuál es tu relación con la Iglesia?

Soy ateo, no siempre lo he sido. Se me educó como católico, tuve mi primera comunión y demás —sabía rezar el rosario y la homilía me conmovía—, pero mis búsquedas espirituales pronto se dieron de bruces con el aparato metafísico que la iglesia ofrece en México a la gente de a pie (he de confesar que entonces yo no conocía nada de los Padres de la Iglesia ni de los poetas místicos). Además, siendo homosexual, no puedes, por mucho que pongas de tu parte, integrarte a la iglesia, a mí me maravillaba el concepto de comunidad que implica la iglesia, pero yo siempre era un extranjero en ese cuerpo. Me fui alejando, encontré a Nietzsche y, como todo adolescente que lo conoce, fui arrastrado por su pensamiento.

Pero en la adolescencia fui más un agnóstico que un ateo, porque más vale la duda, a lo mejor siempre sí hay algo. Pero bueno, más allá de esas búsquedas, de esas disquisiciones, la iglesia me empezó a interesar como fenómeno histórico social. Es, por mucho, la institución en funciones más antigua de Occidente; uno de los títulos del jefe de la misma fue utilizado por primera vez hacia el siglo V antes de Nuestra Era: Pontificex Maximus. Es una institución que maneja, y casi siempre lo ha hecho, mucho poder y mucho dinero. Por ello me interesé en su historia en cómo los individuos son atraídos hacia su centro, cómo los cambia, cómo los afecta o cómo no los afecta.

Además, no deja de impresionarme la forma en que se condensa el símbolo y el ritual en cada aspecto de la vida eclesiástica. Por ejemplo, el Gloria Mundi, de donde tomé el título para mi libro. En la ceremonia de consagración del Papa, un diácono se acerca a él con una charola de plata, en la charola tres trozos de lino, quema cada pedazo de tela y cada vez que lo hace le dice al nuevo pontífice: Sancte Pater, sic transit gloria Mundi (Santo Padre, así pasa la gloria de este mundo); un trozo de tela quemándose cifra la futilidad de la existencia, el Sumo Sacerdote no debe olvidarlo nunca, porque, como dice el Eclesiastés: Vanidad de vanidades, todo es vanidad.

¿Leí que te inspirabas en el pasado para poder crear?; ¿tu relación historia-literatura, cuál sería?

Me interesa mucho el origen, de dónde viene todo. No tanto el origen último de todo —no soy tomista—, sino más bien el proceso, el proceso histórico. Cuando naces te insertas en un grupo humano, sea familia o cualquier otro grupo que te ayude a sobrevivir tus primeros años, quienes te forman con una determinada lengua, con un bagaje sociocultural específico, no podemos escapar de ello, si lo hiciésemos no seríamos humanos, seríamos otra cosa, pero no humanos. Por ello me interesa la historia.

Estudié Historia porque me interesa conocer esos procesos históricos, entender cómo las cosas han llegado a ser cómo son. Pero además, porque mientras estudio historia puedo conocer los rostros de aquellos que día con día escriben también la historia, de aquellos que, generalmente, son aplastados por la maquinaria de la historia. En lo personal creo que es esa una de las obligaciones del historiador: ofrecer rostro a esas personas; cuando he escrito historia lo he hecho con esas miras.

Ahora bien, una de las formas que tengo de entender la literatura es como una posibilidad de generar vínculos, de relacionarnos de manera profunda con otro ser humano. No por nada Wilde dijo: “Frente a los personajes de Balzac mis amigos son sombras y mis conocidos sombras de sombras”, porque la literatura con su exploración de la condición humano toca fibras que diariamente no vemos de nosotros mismos, por ello puedo conocerme y conocer a otro ser humano de una manera en la cual pocas manifestaciones culturales logran hacerlo.

Estoy resignado a no ser otra persona, por más que lo quisiera no puedo ser nadie más, alguien que nació en medio de la década del ochenta, que creció en un ejido, que es homosexual, y que todos esos accidentes han definido. No puedo ser alguien más, no puedo, tampoco, entrar en la mente de alguien más. Pero, la literatura, tanto cuando leo como cuando escribo, me da la oportunidad de romper mi yo, dejar de ser este que soy, entrar en comunión con el otro.

¿Cuántos cuentos componen tu antología?

Bueno, antes de dar un número, quizá deba hacer algunas precisiones. Primero, no es una antología, lo pensé desde un principio como un libro compuesto por pequeñas piezas narrativas que giraran en torno a la figura del Papa. Lo empecé a escribir sabiendo cuál sería el título: las dos primeras piezas que escribí —son dos viñetas sobre Wojtyła y Roncali que, da la casualidad, fueron canonizados el mismo día el año pasado— las escribí en una tarde del otoño de 2008, eran textos independientes, pero bajo un mismo título: Gloria Mundi. Desde entonces el libro fue creciendo por medio, más que nada, de la acreción, tenía una idea, investigaba y escribía un cuento, a veces la idea no producía nada, pero me permitía investigar, ahondar en algún tema. He de confesar que no pude avanzar mucho en seis años, entre 2008 y el año pasado —en mi defensa diré que escribí otras cosas y tenía una vida que vivir, como por ejemplo el fin de la relación que te comenté antes—, pero cuando entré a la Fundación para las Letras Mexicanas en cuestión de meses pude terminar el libro, además de darle una forma.

El libro está compuesto por cuarenta y un piezas narrativas, no todos son cuentos en strictu sensu, pero, a qué definición de cuento hemos de constreñirnos. Está dividido en cinco partes: Vita contemplativa, Cum clave, Urbe et Orbi, Gloria Mundi y Mortuus est. Cada apartado explora diferentes cuestiones en relación a la figura pontificia, así la primera se aboca a la carrera eclesiástica, mientras la segunda a todo lo relacionado con la elección del Papa; Urbe et Orbi es la primera bendición que un nuevo Papa da, y en este apartado exploré el vínculo de Roma con el papado y del mundo con esa institución; Gloria Mundi ya te expliqué de dónde procede y en él exploro el pontificado como fenómeno humano; en la última parte abordo la muerte del pontífice y las ceremonias que conlleva —Mortuus est es la fórmula que pronuncia el camarlengo luego de llamar tres veces al pontífice, golpearlo con un martillo de plata en la frente y ver, con un espejo que ya no respira: Vere, Sancto Pater, mortuus est (En verdad, el Santo Padre ha muerto).

Regresando a la imagen religiosa ¿Por qué elegiste este tema?

Porque es fascinante. Una institución que hunde sus raíces no sólo en la Edad Media sino más atrás, en la antigüedad. Además la vida de los hombres y mujeres que se han relacionado con el sitial de Pedro no deja de ser interesantísimo, me asombra, como el niño que escuchaba la voz de su abuela, así he sido yo mientras indagué sobre la vida de estas personas.
El primer texto que escribí fue sobre Juan XXIII comiendo un helado en Roma, supe que este pontífice que convocó el Concilio Vaticano II se escapaba del vaticano disfrazo de ciudadano de a pie para comer helados, y me dije: yo tengo que escribir sobre eso. Fue extraño, pero empecé a indagar y a explorar y las narraciones iban surgiendo poco a poco, se me presentaban casi. Por ejemplo, a finales de enero de este año había estado leyendo sobre Aviñón, eso fue durante el día, pero en la noche se me fue el sueño, tuve que levantarme para escribir un cuento sobre Juana de Nápoles, no sólo eso, esa misma noche, luego de terminar el cuento, me vino la forma en que dividiría los cuentos, cómo debía ordenarlos, y escribí otras dos piezas, no dormí, pero tenía la forma del libro. Fue muy placentero.

La historia del papado está estrechamente vinculada con nuestra historia, Alejandro VI fue el primero, por solicitud de Isabel la católica, en reconocerle el alma de los indígenas, y eso, esa decisión impactó en cómo se desarrolló el proceso de conquista en América, del cual procedemos. El mismo Rodrigo Borja dividió nuestro continente entre España y Portugal, por ejemplo.

Puedo decirte que me interesa porque Wojtyła mostró mucho amor por México, pero mentiría. En casa de mis abuelos lo idolatraban, pero fuera de la cobertura televisiva el hombre no tenía un ápice de carisma, supo negociar y granjearse buenos amigos, pero desmanteló la teología de la liberación y perdió millones de católicos en el mundo, yo, si siguiera siendo católico me sentiría ofendido con su pontificado. Pero, eso sí, ningún Papa, en los dos mil años de su historia, ha llevado más dinero que él a las arcas de la iglesia. Vi por televisión cuando fue a Chihuahua y cuando a finales de los noventa vino a la Ciudad de México, pero su: “El Papa… también es mexicano” no me lo he tragado, fue mero chantaje. En casa de mis abuelos está su imagen con la Virgen de Guadalupe y se me hace ofensivo, por todo lo que implica la figura guadalupana y lo que implica el pontificado de Wojtyła; conociendo la historia sé que ha habido mejores pontífices en ese puesto, y figuras que han sido más humanas; eso fue lo que me intereso y me fue llevando a la escritura de este libro, la relación entre el ser humano y el solio pontificio.

Otra cosa fue el sucesor de Wojtyła, Joseph Ratzinger, un teólogo, su figura, desde que salió al balcón y elevó sus manos para dar la bendición Urbe et Orbi me impresionó. Para empezar por su inmenso parecido con el Emperador Palpatine de Star Wars, pero, además, por su historia personal, fue prisionero de guerra siendo todavía un niño de trece años, fue uno de los pensadores más serios de la Iglesia en la última parte del siglo XX y además su renuncia vino a dar todo un cariz de drama que ninguno de sus antecesores tuvo —con la salvedad de Juan Pablo I, pero eso es harina de otro costal—; en cuanto a personaje literario ahí tienes un gran personaje, muchos de mis cuentos se basan en él, en su historia de vida: la guerra en su infancia, su renuncia, su pontificado luego de los años de Wojtyła, su muerte que no acaeció contrario a los propósitos de la curia al haberlo elegido siendo un hombre viejo —a estas alturas, temo que nos va a enterrar a todos.

¿Qué te motivo a mandar tu trabajo a concursar?

No tengo una única razón, una es la oportunidad de difusión que implica el obtener un reconocimiento como el Premio de Cuento Breve Julio Torri, porque no sólo es que te premien, sino que te edita el Fondo Editorial Tierra Adentro que, además, te ayudan con la distribución del libro, lo que en este país no es poca cosa. Pero hay más razones.

Otra es probar suerte. Ver cómo era percibido por otros lectores, con una experiencia considerable en el ámbito literario, mi libro. Y tuve la suerte de que el libro fuese bien acogido, es muy gratificante que el tiempo y el amor que has dedicado a un proyecto sea de esta manera reconocido.

Y, claro está, la remuneración económica, porque como persona dedicada al trabajo intelectual, como escritor, se vive en la precariedad, salvo que consigas becas y aun así no puedes estar viviendo eternamente becado —ahorita soy becario de la Fundación para las Letras Mexicanas, oportunidad que agradezco profundamente, pero no durará para siempre—, un estímulo económico, como el que trae consigo un premio, nunca cae mal.

¿Qué pretendes con tu trabajo en el futuro?

Me metes en un berenjenal, porque por supuesto que he pensado en mi trabajo a futuro y qué voy a hacer y qué aspiro con él, pero, aún no sé si estoy listo para explicitarlo. De todos modos, aprovecharé esta oportunidad, esta pregunta, para ensayar una respuesta.

Qué pretendo a futuro es lo mismo que pretendí con Gloria Mundi, tender un puente, llegar al Otro, con mayúsculas, para compartir preocupaciones, emociones e intuiciones que me conmovieron de tal forma que no me quedó otro remedio que escribir. Así que a futuro eso es lo que pretendo, hacer comunicable mi mundo interior, escapar a la soledad inherente a mi condición humana.

Estamos encerrados en nosotros mismos, pocos momentos logramos escapar de la cárcel que somos, la amistad y el amor a veces lo logran, la literatura, el arte, también. Al escribir espero conseguir eso, tender un puente hacía los otros, de la misma manera que he encontrado puentes tendidos hacía mí en la literatura.

Pretendo crear un puente, un lazo para con alguien más, que sea un doble escape de la prisión del yo, mi escape y el del lector. Es, quizá, demasiado ambicioso, pero me preguntaste qué es lo que pretendo, y uno siempre ha de aspirar a lo más difícil.

A mis treinta años aún no sé qué me deparé el futuro. Es decir, como homosexual no tengo un patrón conductual que seguir —la mayoría de mis compañeros de la secundaria ya son padres, los de la prepa se están casando ahorita—, así que puedo elegir a mi gusto cómo construir mi futuro. De una cosa estoy seguro, seguiré escribiendo y lo haré diario, porque es lo que más disfruto en esta vida —y mira que soy una persona hedonista—. Entonces, básicamente aspiro a encontrarme con el otro en la hoja escrita y a disfrutarlo mientras lo hago.

¿Trabajas actualmente en algo nuevo?

Estoy trabajando en una novela sobre un hombre que le toca cuidar a sus padres en sus últimos meses de vida, él vuelve al ejido donde no ha vivido desde su adolescencia. Es una novela que empecé a escribir para superar un duelo y aún no sé cuándo vaya a terminar. De hecho sobre ella ahora estoy en un trance difícil, qué hacer con ella, a dónde llevarla. Pero bueno, así es la escritura, ir tanteando en la obscuridad.

Estoy trabajando también en dos libros de cuentos. Uno cuyas historias giran en torno al encuentro, el encuentro de las civilizaciones, del pasado y el presente, de ideas religiosas, en fin, de la dificultad que implica encontrarse con otro ser humano. Es un proyecto que ha avanzado lento, por diversas razones, pero que espero terminar en unos meses, aunque, nunca se sabe.

El otro libro de cuentos en el que estoy trabajando son cuentos más realistas, más intimistas, en sus historias quiero trabajar en la derrota, en la forma en cómo nos afecta a los seres humanos, cómo nos marca y define.

Trabajo en otros proyectos, pero de ellos apenas poseo la intuición que, no sé, puede concretar en algo definitivo ahorita por la tarde o en uno o tres años; no es algo sobre lo que se pueda tener un control consciente.

Lo que tengo seguro es que no dejaré de trabajar. Disfruto demasiado escribir y he aprendido también el placer de la corrección, entonces, no creo que lo vaya a dejar de hacer. Por lo pronto deseo que cuando salga a las librerías Gloria Mundi lo lean y lo disfruten tanto como yo cuando lo escribí.

colección de cuentos, "Gloria Mundi  nuevo Liber Pontificalis"

Colección de cuentos, Gloria Mundi nuevo Liber Pontificalis

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