El nahual de Andrea (’Antye’is kyo’jama), del libro de cuentos “La serpiente de fuego”

El nahual de Andrea (’Antye’is kyo’jama), del libro de cuentos “La serpiente de fuego”
0 20 septiembre, 2015

J. Trinidad Kordero

Celidonia era mujer de baja estatura, gordita y de piel morena. Su largo cabello era de negro intenso. Era una mujer que alegraba la vida. Ella esperaba un hijo.
—Estas a punto de encamarte— le dijo la okotzyu’we a Celidonia mientras le tallaba el vientre con aceite de almendra y un poco de hoja caliente —traerás a la madre tierra quien te cuide la casa y te lave la ropa.
—¿Voy a tener niña?— interrumpió preocupada la señora.
—Sí, alumbrarás una niña que trae una vida de abundancia. Ella va a nacer alegre. Así lo confirma tu vientre.
Celidonia se quedó atajada en su corazón. Su marido esperaba un niño —es niño… tiene que ser un niño que llegue para florecer en la casa— se escuchó decir.
La okotzyu’we terminó de sobarle el vientre y le acomodó la criatura que esperaba.

 

—Tienes la barriga como tortilla esponjada y tus caderas anchas igual que la canasta. A leguas te acusa que vas a tener una niña. Cuando un niño está en camino, la barriga se adelgaza como machete y la cadera se pone igual que una mazorca sentada— le explicó.

 

Celidonia se levantó del banquito, se acomodó el vestido y se amarró el cabello. Se acordó que ya tenían ocho hijos: un varón y siete mujeres. No quiso angustiarse, mejor se acarició el vientre, observó su ombligo redondo que estaba por delante como luna llena. No había vuelta de palabra, esperaba una niña.

 

— ¿Cuándo vengo de nuevo?— Preguntó antes de salir de la casa.
—No te preocupes, todo está en su lugar. Sólo hay que esperar la disposición de nuestros dioses. Vete con cuidado.

 

Celidonia se salió de la casa de okotzyu’we y agarró la vereda para regresar con su marido de nombre Andrés, un hombre gruñón y de pocas palabras.
En el patio de su casa se habían reunido gallinas que cantaban con una alegría inmensa. Los guajolotes ofrendaban su danza a las pavas y los perros jugaban a las carreras. En medio del patio, donde acostumbraba a tender su ropa y a secar el café, un puerco descansaba plácidamente. Celidonia sintió una paz en el corazón por los cantos y la fiesta de los animales. En un momento llegó a pensar que los animales estaban perdiendo la memoria. Entró a su casa y le dijo a su marido.

 

—Oye, ¿ya viste el alboroto de los animales que cuidamos?
—Apenas te fuiste con la okotzyu’we, a tu espalda comenzó la fiesta de la abundancia y los perros no dejaban de jugar. Los corrí y volvieron al patio.
— ¡Nos tienen algún mensaje!— expresó Celidonia. Desde su corazón pensó en decirle a su marido que esperaba una niña. Se mordió los labios. Puso las manos sobre su pecho, prefirió quedarse muda.
— Quizás— dijo don Andrés —en la madrugada soñé que me estaban entregando una jícara lleno de maíz y un molinillo.
— ¡Hay viejo, a ti ya te dieron la señal que voy a tener una hembra! ¡No te vayas enfadar conmigo!
— ¡Ya sé que vas a alumbrar niña, se te nota en la panza! ¿Qué más se puede hacer como simples mortales si los dioses hacen su voluntad? Pero no te pongas triste porque presiento que la mujercita va a florecer con la suerte que trae.
—Ojala tus palabras se volvieran realidad, con eso que ni trabajo hay en este pueblo.
—Comida en abundancia es lo que anuncia el nacimiento de la niña. Ya alegrarás tus ojos al verla después.

 

Celidonia se sorprendió mucho con el buen pensamiento de Andrés, otras veces se largaba a beber trago de puro coraje al saber que venía una niña y regresaba a romper lo que encontraba en la cocina porque no le gustaba que su mujer alumbrara niña.
Llegó el día y Celidonia celebró su novena maternidad un sábado por la tarde. La niña no lloró sino que lanzó un chillido como si algo la mordiera. Cosa extraña le pareció a la okotzyu’we que atendía el parto, pero descubrió que la niña había nacido con dos dientes, entonces la anciana entendió el mensaje: la niña estaba anunciando la alegría que trajo al nacer.
Andrés se acercó a ver a su hija. Observó los ojos verdes y la pupila delgada de la niña. Los poros de su piel tenían formas de pequeñas escamas. Andrés le tuvo miedo al bebé. Después preguntó a la okotzyu’we, por qué había nacido la niña con los ojos verdes y la pupila delgada. Ella le dijo:

 

—¡La niña nació así porque trajo bien vivo su ko’jama !— es lo único que dijo la anciana. No le quiso revelar cuál era el nahual de la niña —lucha por ella como un guerrero porque van a querer robarle el don que trae y la pueden matar a temprana edad— finalizó.

 

Pasaron dos años y la niña, bautizada con el nombre de Andrea, había crecido con normalidad. Junto con ella se habían multiplicado pollos, patos, guajolotes y todo cuanto animal llegaba en manos de Celidonia se reproducía en abundancia.

 

Después Celidonia se dio cuenta que el sueño de su marido se había vuelto una realidad. Andrés cosechó dos trojes de maíz, veinte quintales de frijol con la suerte de la hija. También se colgaban racimos de guineos maduros en la cocina. Las cosechas de calabaza, cebollín y chayote eran abundantes. La familia dejó de sufrir por hambre y se convirtió en la envidia de la gente. El nacimiento de la niña trajo abundancia.

 

Andrea era hermosa con sus ojos verdes, no se encontraba con la muerte y vivía muy feliz. Por eso su padre se despreocupó y no la defendió de nada. Se le olvidó las sabias palabras de la Okotzyu’we.

 

Un día, el papá de la niña andaba en la milpa cuando se le apareció una enorme culebra. Turbado y con cierta malicia se le ocurrió cortar un palo largo, le sacó la punta, afiló su machete y salió a buscar la culebra. La encontró enrollada sobre un tronco podrido. La culebra levantó la cabeza dispuesta a huir, pero la punta del palo la alcanzó en el cuello. Hizo fuerza, se retorció de dolor, giró la cabeza y quedó mirando a Andrés como diciéndole “me has matado papá”.

 

Después que la culebra estaba muerta, Andrés encendió una fogata junto al palo podrido y ahí puso la culebra. Al finalizar su trabajo, se retiró de la milpa.
Apenas llegó a su casa, Celidonia le entregó la noticia del nuevo acontecimiento.

 

— ¡Llegas tarde!— le dijo sollozando —la niña acaba de morir. Yo estaba echando tortilla cuando escuché su grito, volteé la mirada y vi a mi niña desvaneciéndose al suelo. Presentí que algo le punzó la cabeza porque se agarró con la mano como queriendo defenderse. De ahí ya no volvió. Vino la Okotzyu’we, le pulsó la sangre, hizo cuanto pudo con su sabiduría de curandera, ya era tarde, no pudo rescatar a la niña. Sólo dijo con dolor:
— ¡Alguien ha matado su ko’jama!

 

Andrés se le congeló la palabra. Colgó de prisa su morral y su machete en el horcón de la casa. Se acercó al cadáver de Andrea y notó claramente la muerte de la sangre en el cuello de la niña y estaba claro que alguien le había quemado su Ko’jama porque su piel estaba morada.
Luego de permanecer un rato cerca de Andrea, se puso de pie y llamó a su mujer.

 

— No sabía que la culebra que habitaba la milpa era el Ko’jama de la niña. Hoy la quemé en la milpa— confesó triste y a la vez alterado— ¡La fortuna y la abundancia de comida que hay en la casa es de la niña y con su muerte va a desaparecer todo!—Volvió a su mujer muy preocupado —¡Ella era la suerte que había esperado, la he matado por no escuchar el consejo de la anciana!— dijo decepcionado.
Su mujer no le dijo nada. Ella sabía que un hombre con nahual de serpiente de fuego o culebra, son perseguidos hasta la muerte porque traen alegría y buena vida en casa.

nahual

nahual

 

’Antye’is kyo’jama

Syeli tumä ta’nipä yomorena, tzanhkapä i tijana yäjknakapä. Wyajy kyunh’yäjkpä sunyina’ pä’yi. Tumä yomorena kasäjpa ijtpapä. Te’is ne’na jyoku tumä une.

—Jä’nä’äm maka ’änhtäjkäyi— Nyäjmayu okotzyuwe’is te’ Syeli, jyasapyasenh’omona tzyejk panatzpä almetrajinh i te’ nujtzpara’näjinh —maka nene najsakopajkäsi i’is nkyejna mij ntäjk i ntzye’ja mij ntu’ku.

— ¿Maka nä’ iritzi kya’e?— kyämetzu mayapa Syeli’is.

—Jä’ä, maka yajk tzo’ke tumä kya’e makapä’is nyene wäpä ijtkuy. Te’ une makapäre pä’naje kajsäjpa. Te’se kejpa mij tzejkäsi.

Syeli tzä’yu poyinhtyujkupä tzyokoyomo, jyaya’is jyokpana tumä nka’e —Nka’ere… nka’ere maka iri. Te’re maka jäyä’aje täjkomo— nä’wä nye’kä’omo

Okotzyuwe’iskyojasjpäjayu te’ tzyejk i myajtzwätzäjkayu te’ une ne’ jyo’kupä.

—Mijntzejkpojkstenunutzpa’anese. Mij nu’ni pe’tzi waka’se, ya’yi nkyotzampa tipä une maka nene yä’ najskäsi. Tä’ jokpa’äjk nka’e, te’ tä’ tzejk kayi’ajpa matzyinse i tä’ tzejware poksupä mojkse mäja’ajpa— tzya’manhwajkayu.

Syeli tentzyunh’u te’ konotzkäsipä, wyä’tzäjku ’yasa i syi’nu te’ wyajy. Jyamemitu nyä ijtyaju’mna tujturujtay une: tumä nka’e i kuyay kya’e. Ja’ su’nä myayatzi’ä syisj. Tzejk jasu, ’ya’mu tyunu, winanh’omona ijtu poya’rajsäse. Ja’ iräna ti’ tä’ tza’mä, jyokpana tumä kya’e.

—¿Ju’tzye’äjk mita myenakomo?— Kyämetzu nem maku’äjk pyuri täjkomopä.

—U’mä myaya’u. Myumu ijtu tumä’omo. Syupatä’ kä’jamä ti’ tzyampatä’ ko’mi’istam. Kena mij nwit, mawä po’nyi.

Syelitzunh’u te’ okotzyuwe’is tyäjkmäpä i pyäjku tujk wä’kä wyiru’ä jyayajinh nyäyipä’is Anhtyi. Te pät tumtzampapärire’na.

Tyäjkmä pya’tu anhkä’omo, te’yi jurä tyo’kpäpa tyuku i kyoyäpyäna kaju’el, tu’myajupä kasyitzuweram i kajsäjpana watyajpa. Kanhtzyin’istam ‘yanhku’ejtzayajpana tuntzyuwe i te’ tuwiram mäjtzä’yajpana. Anhkäkujko’mä täkna’äkuna tumä yoya. Syeli’is sunyi jyamu wyit sonepä wane’omo i mäjakajsäjkuyomo. Kyipsu tijana ka’ jinhtena ne’ jyamerokoyajupä te’ kopändam. Täjkäyu tyäjkomo i nyäjmayu jyaya.

—Nkosu’um jujtzye ne’ jyowi’ajpäyaju te’ ko’keneram.

—Mijtzi maku nhkose te’ okotzyuwe, mij jäjsmäjkti wantzyotzyaju te’ ko’pukskuy i te’ tuwiram ji’ne myäjtzäyanhjeyaju, majkpäyajutzi, te’yiri wiruyajkeru.

—Ijtu ti’yä ne’ sutu tä’ tzajmaya’ä— Näwä Syeli. Tzyokoyomo sutu nyäjma ke’ ne’na jyo’ku tumä yom’une. Kyetzkupajkäyu ’yanhsisj, kyojtu kyä’ kyujkpajkäsi, ja’ wyewena.

—Jiskante— näwä atzyä Antyi—yäti sa’e’omo nkomapasyäyujtzi ne’ tziyajupä kutzyima tajsupä äjksijinh i tumä sutkuy.

—¡Atzyä, mij tzyintzajmayaju’m mij mapasyäjkyuyomo ti’ maka nä’ iri’tzi! ¡Uyi maku tä’ ki’se!

—¡Musjpamätzi, maka nä’ iri kya’e. Sa’sa kejpa mij tzejkäsi! ¿Ti’ maka tä’ tzä’ki syunpä’nis ka’ tä’ komi’istam tzyäjkpa syuni? Umä myaya’u, äjtzi ne’ nkämujsä’yu yä’ yom’une makapäse pä’naje myumu tiyäjin.

—Ka’ wiyunh’ajpana mij nhtzame, yä’ kupkuyomo ja’irä’äm yosjkuy.

—Kutkuyante maka ijtanh’äyi yä’ täjkomo ka’ kya’epä’najpa. Makase’ ’i’si jäsikam.

Syeli jowi’amu te’ Antyi’is kipsokujyin. Eyarampä jama ma’kana no’re, wirupana mita’na täkwiri tyäjkomo ji’ syuni’ajkäna wä’kä tyo’mo’is nyä irä yom’une.

Nu’ku jyama, Syeli tzojku tzayiräjkäji’kä sapatujama. Te’ une ja’ jyäyä. Pinywejuri ti’is kyä’suse.Te’ okotzyuwe ne’ kyetupäis te’ pänajkuy yajk jowi’amu. Jäsikanhte ’yisa’yupä metza tyätz nyä pä’najupä te’ une’is. Te’sere nyäjktyäyupä tikoroya pinyweju te’ kya’e. Ne’na kyotza’pu kyasäjkuy nye’tu’ajkä wä’pä ijtkuy.

Antyi’is maku kyose te’ ’une, ’ya’mayu tzujtzipä te’ wyiränh i te’ wyiränhpuj ka’yipä. Nyakakäsi ijtuna tzä’tätampä punu’is kye’matzäki. Antyi’is nya’tzu te’ une. Jäsikam kyäme’tzu te’ okotzyuwe tikoroya pänaju te’se te’ kya’e tzujtziwiränhpä i te’ wyiränhpujinh tenupä. Okotzyuwe’is nyäjmayu:

—¡Ka’ te’se pä’naju mij une nyetu’ajkäre kyo’jama sajsa ne’ wyijtupä!— te’seri weweneyu te’ tzameyomo. Ja’ tzyajma juräpäre’na kyojama te’ une’isnye —ko’kipä jayase, maka suni nyujmaya’ä te’ kyo’jamatzaptumu.

Kätu metza ame i te’ kya’e nyäyäyaju ’Yanhtye. Te’ une tzojku erampäse, sunyi, jana ka’kuy. Pä’najusenh’omo ko’pujksyajumna kasyiram, pe’tzyuram, tunujktam i myumu tipä ko’kene nukpä’na te’ Syeli’is tyäjkmä jene’na kopuksyapa.

Jikse’äjk Syeli’is kyetu wiyunh’aju te’ jyaya’is kyomapasyä’kyuy. Jyaya’is nyäpujtu metza neke mojk, ipsan kintal säjk i kähkpäyajpana kiniya jä’myajupä sakstäjkäsi. Tese’rike nyä ijtyajuna nakpasun, sepulyas i apinpa’sunh. Jä’nä tzyajkyaju te’ yajksu ijtkuy i te’ kupkuyomorampä’is kyisatzyotzayaju ompaijtyajpa’ajkäna pä’najusenh’omo te’ une.

Te’ une sa’sapä kya’erena, i sunyina’ ijtpa. Ji’na tyoya’isi. ’Yanhkasäyajpana ’yatzi’istam, tzyä’tzä’istam, jenena syutyajpa tyäjkomo. Te’koroya te’ jyara’is ja’ koma’ya’ä, ja’ kyipsä kyo’kipä. Jyampä’u te’ okotzyuwe’is ’ore.

Tunjama te’ une’is jyara maku tza’momo temä myojkomo, teyinhte jurä pyatu tumä tzat. Jowi’ajupä i te’ tyatzyokotzäkijinh, jyajku mäjtzapyä kujy iwyinhtzyus jejku, jäsikammyeju myatzyin i te’se maku myetze te’ tzat. Ja’ wyirä ya’yinh’omo, woyupä pyatu tumä pujtzkukyämä. Te’ tza’nis nyäpujtu po’nyi kyopajk, ämtenu i ne’na maku pyoye, pe’ te’ wintzyusjpä kuyisj pyo’yanh’äyu kyänäkämä. Tzyäjko’yu pyämi. Jo’twiru’u toya’is. Yajk wiru’u kyopajk i ’yamkutzyä’yu Anhtyi ne’ nyäjmsyupäse “tä’ yajk ka’u jalayi”.

Kyo’sukam Antyi’is ji’ namna myijksi te’ tzat, ya’ ja’päyu juktäk putzkujkyämä i te’yi kyojtu te’ tzatwä’kä pyonhpä’ä. Te’se kyojpujtu te’ tyosjkuy i tzunh’u myojkomopä te’ atzyä.

Nu’kuri tyäjkmä, Syeli’is tzyajmayaju ti’ tujku ’unejinh.

—¡Ntzyayi’aju!— nyäjmayu miksmiksnepya, na’tzejinh —pijtye’ma ne’ kya’u te’ kya’e. Äjtzi ne’najkä antya’ku i manutzi we’jupä, ketwiru’utzi i a’mutzi ne’ kyejkupä nasjomo te’ une. Nwitjamu ti’is jyu’tzuse kyopajkäsi, nyujko’yu kyopajk makapäse kyokipi wyit, jä’sikam pähktomänu, kejku ja’na je’apä, te’yipä ni’ju’tzye’em ja’ myiksä’äm. Mijnoyu okotzyuwe, pyejnayu nyäpin, tzyäjkmetzu ju’tzyenh’omo pyoyanh’äpya tzyoyä’kyujyinh, ja’musä’äm yajk tzä’yä te’ une nasajkopajkäsi. Toyanäwä’na:

—Ijtu i’is yajk ka’jayu kyo’jama.

Atzyä Anhtyi ja’na ore’pä tzä’yu. Pyoyeron jä’mu tzyunu i te’ myatzyin kopkäsi. Kyänu’ku ’Yanhtye’is ’yanima. Kyetu sa’sa jujtzye nä’pinhka’u kyänäkämä i sa’sana kejpa pyohkpäjayajumä kyojama tzujtzi’ajkäna te’ une’is nyaka.

Ya’pukamkyejna te’ ’Yanhtye’is wyit, tenhtzyunh’u i wye’jayu tyomo.

—¡Jina’kätzi mujsi nijunhtzye ka’ une’istena kyo’jama te’ tzat ijtupäna mojkomo! ¡Yäti npohkpä’utzi!— kyotzapu kyo’a yäjtenupä —¡Myumu tiyä ijtupä yä’ täjkomo te’ kya’e’is nyerena, yäti ka’ ka’u maka makhpä’i myumu te’ kopänäkyuy i te’ kutkuy! ¡Te’rena te’ une njokpapä äjtzi i kena, yäti yajk ka’utzi ja’ nkämanä’ajkä te’ okotzyuwe!

Syeli’is ja’ tzyajmä nitiyä. Te’is myusjpana ke’ tumä pät toki oj tzat ko’jamapä myajkyapapäre kyakuyo’omo’anhkas nye’tyajpa’ajkä kasäjpa ijtkuy y sa’sa ijtkuy täjkomo.

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