La imagen poética/ Diálogo entre filosofía y poesía

La imagen poética/ Diálogo entre filosofía y poesía
0 9 septiembre, 2015

Marina Trujillo

Estas breves líneas, pretenden ser una aproximación al cruce de caminos que se da entre la poesía y la filosofía.
La imagen poética y el poema, sin pretender agotar su interpretación, son los puntos de encuentro que trataré hoy.

Tomaré una imagen muy sencilla con la palabra “casa”. En cuanto es mencionada o leída, viene a la mente una casa con ciertas características, tal vez con ventanas, pintada de cierto color, con tejas. Si la palabra “casa” está integrada en un verso, por ejemplo, “la casa de las palabras”, inmediatamente la imagen de “casa” toma otra forma, que busca adecuarse a “la casa de las palabras”. Así nos topamos con una imagen poética.
Para el filósofo francés, Gastón Bachelard, la imagen poética es una interrogante a desentrañar. Cabe mencionar que Bachelard es reconocido como filósofo de la ciencia, pero una buena parte de su producción intelectual la dedica a la imagen. Ahora bien, dentro de este tema, no le interesa realizar un análisis de la composición del poema como una agrupación de imágenes múltiples sino, observar que sucede con las imágenes aisladas, cito “Hay que estar en el presente de la imagen, en el minuto de la imagen” y continua “si hay una filosofía de la poesía, esta debe nacer y renacer con el motivo de un verso dominante, en la adhesión total a una imagen aislada y precisamente en el éxtasis mismo de la novedad de la imagen” fin de cita. Estamos hablando entonces del acto poético del instante, la imagen que se muestra y se consume en cuanto es escrita, en cuanto es leída. Imaginemos un trapecista que lanzado al vacio, busca aferrar sus manos al trapecio. Los segundos que suceden entre el vuelo y su llegada al trapecio, son la imagen poética. Por ello, es fina y sutil.

 

Cuando menciona Bachelard que hay que estar en el presente, en el minuto de la imagen, no implica que la imagen poética no tenga pasado, sucede más bien que, según sus palabras “en el resplandor de una imagen, resuenan los ecos del pasado lejano, sin que se vea hasta que profundidad van a repercutir, a extinguirse”. La imagen repercute. No se trata sólo de escuchar el poema (resonancia) sino de una apropiación del mismo, una repercusión en la que el ser del poeta es nuestro ser. Así, la imagen poética tiene un ser propio. Y para ser observado de cerca, es necesario llegar a una fenomenología de la imaginación, la cual es (cito) “un estudio del fenómeno de la imagen poética cuando la imagen surge en la conciencia como producto directo del corazón, del alma, del ser del hombre captado en su actualidad”. Imagen nacida de la conciencia como producto directo del alma, el ser del hombre en el instante.

 

Bachelard plantea luego dos preguntas “¿cómo una imagen, a veces muy singular, puede aparecer con una concentración de todo el psiquismo (del alma)? ¿Cómo, también, ese acontecimiento singular y efímero que es la aparición de una imagen poética singular, puede ejercer acción – sin preparación alguna- sobre otras almas, en otros corazones, y eso, pese a todas las barreras del sentido común, a todos los prudentes pensamientos, complacidos en su inmovilidad?”.

 
Me detendré un momento en estas preguntas, dada la importancia que a mi parecer, revisten cuando se escribe o se lee poesía. Partiré de la opinión muy extendida de la poesía como ornamental, o en el peor de los casos, como inútil. Si la poesía es leída sólo como resonancia, sucede el fenómeno de quedarse en el mero sentimiento o de quedarse con la impresión de que es agradable o desagradable. Y nada más. Pero, mirado desde la luz de la imagen poética que nos presenta Bachelard, una imagen puede tener repercusiones de magnitudes cuyo alcance no es posible medir. Algunas imágenes en el poema logran captar nuestra atención, y tal vez, algún recuerdo, una emoción que conectan pasado y presente. ¿Será esto lo que justifica la existencia del poema? En este punto, lo que se toca es una transmisión humana, ese puente que se da entre el autor, la imagen y el lector. Porque la imagen poética, como lo dice Bachelard, concentra el alma. Demos por sentado esto y pensemos entonces, la imagen poética específica concentra el alma del poeta y accedemos a ella en el instante de la lectura. ¿En realidad estamos accediendo a lo que el poeta quiere decirnos?. Para Bachelard, si. Nos dice, refiriéndose a la sublimación de las penas por la poesía (cito) “consolarse con poemas, ¿no es prolongar, con extrema sutileza, el sufrimiento?… Transformando su pena secreta en una obra ¿logra el poeta liberarse de ella? Cuando la obra es tan bella como la de Machado, no lo parece. El poeta sufre más sutilmente, y por lo tanto, más profundamente después de la sublimación. La imagen se hace en suma, más dolorosa que el tosco recuerdo. El recuerdo… es llevado por el poema al estado vivo de abrasar. Sopla sobre una brasa. Y ahora, cuando se acuerde de su pena, se acordará también de su poema”. El poema de Machado al que se refiere es “Soledades” y lo cita en fragmentos.

En el corazón tenía
la espina de una pasión;
logré arrancármela un día
ya no siento el corazón…
Mi cantar vuelve a plañir:
Aguda espina, dorada,
quién te pudiera sentir
en el corazón clavada

Después nos dice Bachelard que si como lectores adoptamos el poema y recordamos un dolor parecido, el poema irradia en nosotros su sufrimiento. Retomo ahora la pregunta ¿realmente accedemos a lo que el poeta quiere decirnos? En caso de que adoptemos el poema si. En caso contrario, el poema puede no sernos significativo, o recordamos lo que nos da la gana o nos trae cosas que el poeta no intentaba transmitirnos. Entonces sucede lo que el mismo Bachelard nota, que la imagen poética tiene alcances insospechados. En mi experiencia personal, me gusta dar a leer mis poemas y pedir a mis lectores que me digan que piensan. Generalmente, no tiene nada que ver con lo que yo buscaba transmitir al escribirlos. Por otro lado, en algunas platicas con el poeta Antonio Neri Tello, sostiene que es posible escribir un poema sin estar sufriendo, que no es necesario estar triste para escribir un poema triste. Habría que argumentar cómo es que eso sucede, porque le quita un cierto aire romántico a la escritura de la poesía.

 

Para terminar, me interesa resaltar aportes de Gastón Bachelard. Es de entrada y a lo largo de algunas sus obras donde, preocupado seriamente, se pregunta por la imagen poética y busca respuestas o aproximaciones en ese talante. Eleva a la poesía dándole una mirada distinta, de algo que es posible, como fenómeno universal, ser conocida, valorada, asimilada en la magnitud de su contribución al mundo, a lo humano. Al mismo tiempo que tiende puentes entre la filosofía y la poesía, abre rutas para explorar el fenómeno poético como un viable intercambio del alma del poeta, expresada en una sencilla y efímera imagen que se vuelve compleja cuando llega a tocar el alma de quien lee y que de pronto se identifica con lo leído, surgiendo con ello la sensación de que eso que acaba de leer, pudiera haberlo escrito él.

La imagen poética

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