Poesía en la sala Higinio Rubalcaba con José Reyes, Martín Mérida y Carlos Vázquez

Poesía en la sala Higinio Rubalcaba con José Reyes, Martín Mérida y Carlos Vázquez
0 9 diciembre, 2015

19 de Noviembre

Erik Castillo

Mar de literatura

“O yo, barco perdido bajo los cabellos de las algas,
arrojado por el huracán contra el éter sin pájaros, yo, a quien…
…no hubieran salvado la carcasa borracha de agua.”
Rimbaud (Barco ebrio)

Toda la gente estaba en la proa, un piano como timón y las bóvedas nervadas como telas de velero que describen formas hermosas que la piedra a dejado estática para su contemplación. Las teclas del timón toman testimonio de la fuerza marítima que vive en el impulso creativo de Milo Hernán. Nosotros, navegantes errantes, rebeldes sin nombre y apasionados (algunos pasados de moda) por las artes. Nosotros, disfrutamos de una pléyade de composiciones que exploraron los abismos más graves de la música, para luego irradiar luz con una melodía fresca y etérea. Lo mejor de este barco ebrio que tripulamos todos es la perdida de distancia entre la música que circula desde el piano y la arquitectura de la sala Higinio Rubalcaba. Y qué decir de las letras, ellas supieron encontrar de forma intuitiva su medio para brotar y alimentar al barco ebrio.

El hombre es una mancha en la tarde
Las golondrinas traen la tarde en la espalda asegura el poeta José Reyes. También, confiesa ser cafetero y, de manera paradójica, tener cierta semejanza con una taza despostillada. El artista logra ver a través del olfato: Hueles a mujer con vestido rojo. Y ya cuando el momento y la hora lo sugieren, habla de las dimensiones y las formas del día: El día es profundo como un jarro/ El día es un acordeón de mariposas.

Solo el vacio se llena con el alma
Martín Mérida es poeta, cuentista y niño-hormiga por convicción. Con la paciencia de una hormiga que en hilera espera su turno para transportar el terrón de azúcar salvado de la cocina, el escritor hace un mundo de corazones de niños donde puede tomar prestado a los astros algunos objetos cotidianos: Me puse tus zapatos luna. Es allí, en el país de la mirada, donde el poeta puede encontrar el remanso al constante Aushwits interior. Desde luego Mérida quisiera vivir en el mundo marítimo de Milo y así lo externó.

Parten en dos la geografía, parten en dos el corazón.
La poesía también sirve para reclamar justicia social nos recordó Carlos Vázquez a través de sus revoluciones internas, muy propósito del aniversario de la revolución mexicana, momento siempre oportuno para reflexionar sobre la vigencia del estado nacional, tan eclipsado por ese maldito numero 43. Las palabras del poeta habitan un Espacio amargo para sangre fértil. Por lo que es de vital importancia: Cuidar la epidemia racional de la esperanza.

Por fin divisamos tierra, allí en el horizonte aparecieron dos torres neogóticas, señal inequívoca de la catedral de la ciudad. Encallamos, y corrimos a mirar los horarios de salida del siguiente barco ebrio.

Café con letras 3

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