El día en que la parca se ensañó con la izquierda mexicana

El día en que la parca se ensañó con la izquierda mexicana
0 22 agosto, 2017

Homero Torres Aguilar


 

Hace unos días al despertar me encontré con dos inesperadas noticias; en la prensa escrita y en medios informativos electrónicos, se daba cuenta del fallecimiento de dos personajes importantes del ambiente periodístico nacional. La mañana del 8 de agosto de este difícil año de 2017,  el extraordinario caricaturista Eduardo del Río (Rius) y Jaime Avilés columnista de muchos años en el periódico La Jornada y la revista Proceso, habían abandonado este mundo terrenal. Dos personajes identificados con las causas progresistas y simpatizantes de la izquierda mexicana.

De Rius se puede afirmar sin lugar a dudas, que influyó en una buena parte de la población, muchísima gente recuerda sus caricaturas y sus revistas ilustradas como “Los agachados” y “Los supermachos”, que se convirtieron en una eficiente manera de hacer llegar masivamente la crítica social y política a los diferentes estratos de la población, especialmente a las clases populares. También fue fundador de revistas como “La garrapata”, “El chahuistle” y “El chamuco”, entre otras. Su crítica política y sus convicciones ilustradas profusamente en las revistas, siempre fueron incómodas para los depositarios del poder político, recordemos que durante el sexenio del presidente Gustavo Díaz Ordaz, Don Eduardo del Río fue secuestrado por agentes de la temible Dirección Federal de Seguridad de aquellos años, entre ellos José Antonio Zorrilla de triste memoria y fue llevado al Xinantécatl ó nevado de Toluca donde una vez entregado a los militares iba a ser fusilado frente a una fosa ya abierta para depositar su cadáver, afortunadamente gracias a la intervención del General y ex-presidente Cárdenas, quien advertido por la mujer de Rius del secuestro, contactó de inmediato a Díaz Ordaz se evitó un desenlace trágico.

En mi caso lo recuerdo mucho allá en mis años de estudiante en la Facultad de Economía, cuando un compañero de los primeros cursos, del cual no recuerdo el nombre, comentaba que la mejor manera de entender, esa inexpugnable obra en tres tomos para un recién egresado preparatoriano, denominada El Capital de Carlos Marx y la forma más divertida, era través de los libros de Don Eduardo y su simpáticos “monitos”. El libro es “Marx para principiantes”. Además de este libro muchos, muchísimos otros fueron sus libros ilustrados, todos ellos con su estilo irónico y burlón, recuerdo muy bien otro, quizá no tan famoso, “ Pequeño Rius ilustrado” que por supuesto es bastante más divertido que los diccionarios Larousse, cito dos definiciones que me vienen a la mente y que por lo tanto no son literales: 1) Abuelo: personaje cuya principal función es enseñar malas palabras a los nietos. 2) línea recta: la distancia más corta entre dos puntos, ya que una borrachera es la distancia más larga entre ambos. Con Rius y perdón por el lugar común, se cierra una etapa de la caricatura política mexicana, al lado de personajes icónicos ya también idos como Abel Quezada y Rogelio Naranjo, por fortuna existe una gran nueva generación de caricaturistas que continúan ejerciendo sus críticas mordaces, oportunas e ingeniosas. Afortunadamente una de las cosas que podemos presumir en este país, y no hay tantas, es que seguimos conservando una larga tradición en cuanto a la caricatura política, en este tema y a pesar de todo, parece que no hemos entrado en crisis, por fortuna. 

A Jaime Avilés lo recuerdo en el Gato Verde de Guadalajara, siempre sentado al lado de la larga barra del bar, detrás de su whisky Johnny Walker etiqueta negra. Casi siempre visitaba esta ciudad durante la Feria Internacional del Libro de Guadalajara (FIL), aunque a veces venía por otros motivos: como conferencias, asuntos relacionados con teatro o presentaciones de libros. Una vez acabada su actividad diurna en Guadalajara, por las noches casi siempre visitaba nuestro bar, el ambiente bohemio, la presencia de Maritere sirviéndole sus tragos y cantando boleros al mismo tiempo lo mantenían varias horas en el lugar. Debo decir también que le gustaba platicar mucho conmigo y con mi esposa, no había tema prohibido ni restringido en nuestras conversaciones, aunque el tópico principal siempre era el rumbo y la situación política del país, paralelamente era frecuente hablar acerca de la manipulación mediática, de columnas políticas de algunos periodistas y por supuesto también de temas culturales y literarios, muchas veces se desarrollaban pláticas entre copas, hielos y cacahuates, en plena barra del bar, en las que participaban escritores usualmente visitantes de la FIL que se sumaban a la charla de ocasión y a veces se alcanzaban interesantes discusiones y se lanzaban todo tipo de puntos de vista.

Jaime hablaba mucho de los jóvenes, era una de sus preocupaciones, el mismo era un espíritu joven, le emocionó mucho el inicio del movimiento “Yo soy 132” gestado durante la campaña presidencial de 2012, en respuesta a la manipulación mediática que sobrevino a la fallida entrevista con el estudiantado que tuvo el candidato Peña Nieto en el auditorio de la Universidad Iberoamericana. Recuerdo que albergaba muchas esperanzas en que una juventud ilustrada parecía despertar y mostrar inteligencia en la interpretación del fenómeno político mexicano, lo que tarde o temprano desencadenaría en un cambio político y social que Jaime y muchos consideramos necesario.

Otra ocasión llegó con el que era su más reciente libro “ Vida privada de un hombre público” acerca de la trayectoria y anécdotas de Andrés Manuel López Obrador, e invitó a nuestro bar a muchos amigos interesados en el libro y en la discusión de la actualidad política del país. Yo me aficioné a leer asiduamente su columna semanal “Desfiladero” en el diario La Jornada hasta que dejó el periódico, sin embargo siguió visitando Guadalajara cada que había una oportunidad.

Teatral a veces, de apariencia muy sería en otras ocasiones, absorto entre sorbo y sorbo de su etiqueta negra, pero siempre amable y solidario, una vez nos acompañó al velorio de un amiga cantante que ni siquiera conoció y confortó a una joven inconsolable ante la difunta. A nosotros nos gustaba llevarlo en nuestro auto a su hotel en vez de pedirle un taxi y es que nos gustaba seguir platicando con él durante el trayecto. Tras su muerte en muchos periódicos se habló de su capacidad narrativa, de su reconocimiento como cronista, de la crítica mordaz en sus artículos y de su capacidad para debatir. Elena Poniatowska comenta que Carlos Monsiváis lo consideraba un genio y que escribió muchos de los guiones que se representaban en el mítico foro de Coyoacán de Liliana Felipe y Jesusa Rodríguez “El Hábito”. Lo que leí en estos días acerca de Jaime coincide con mi propia impresión de él. De esas múltiples facetas me gusta recordar las veces en que actuaba inesperadamente en el bar o cuando cantaba ingeniosas canciones como la canción del Protoplasma de Liliana Felipe “te voy arrancar los ojos/ como una vaca…/ … /te voy a arrancar la lengua/ P’a que no digas…/…/te voy arrancar los pelos nomás por celos/…/te voy arrancar el alma/ con mucha calma/…/te voy a chupar/todo el protoplasma… a ver qué haces sin protoplasma/ a ver/ que vas a hacer/ sin ojos, sin lengua, sin pelos, sin alma/ y aparte/ sin mí.”

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