Maritere, “La dama de las mil canciones” 2/2

Maritere, “La dama de las mil canciones” 2/2
0 15 junio, 2018

Mina Arreguín

La gran Maritere, “La dama de las mil canciones” artista desde su nacimiento, hija de un músico y una bailarina estuvo siempre ligada a la música.

Trabajó desde su juventud en teatros de revista, estuvo en la Ciudad de México así como en algunas ciudades del norte del País, cantó  también en varios  bares, fue en Tijuana donde conoció un bar que se llamaba “Gato Verde”  que a ella le gustó tanto que se   prometió a sí misma: cuando tenga posibilidades económicas yo tendré un Bar y le llamaré : “El Gato Verde” y así fue como muchos años después ya establecida en Guadalajara realizó su sueño y creó “El Gato Verde Piano Bar” un lugar emblemático en esta ciudad.  Lo decoró con buen gusto, tanto que  algunos clientes mexicanos o de otros países comentaban que se parecía a uno que habían conocido en Paris o en Nueva York. Su estilo era un tanto Art decó y así se conservó durante 40 años de existencia.

Maritere era poseedora de un caudal de boleros que cantaba con pasión y aparentemente sin esfuerzo. Se sabía de memoria más de mil letras de canciones y no sólo tenía una extraordinaria memoria y gran calidad interpretativa sino también una asombrosa agilidad mental,  a sus casi ochenta años. Tenía la habilidad de realizar varias cosas a la vez: preparaba las bebidas mientras cantaba, pero al mismo tiempo tenía el control de todo lo que pasaba en el bar y de esa forma también era capaz de hacerle la cuenta de su consumo a un parroquiano sin usar calculadora y sin equivocarse en el resultado mientras cantaba. Pero de manera increíble podía escuchar las conversaciones de dos diferentes parejas que estaban sentadas cerca de ella en la barra y relatarnos después de qué hablaba cada una.

Tenía tantas habilidades…Cuando llegaba al Bar un grupo hasta de ocho o diez personas, les recibía y preguntaba a cada uno de los integrantes qué era lo que iba a tomar, con las especificaciones de que si las querían con hielo, derechas, combinadas o  con qué. Ya que todos habían ordenado y sin que ella hubiera tomado nota por escrito, iba a la barra, preparaba las bebidas y regresaba con ellas para entregarlas a quién las había solicitado, ya que todos estaban atendidos regresaba la barra y entonces, de memoria, hacía la comanda. Pero también era capaz de retener en su memoria lo que los clientes habituales consumían y era ella quien les preguntaba: ¿lo mismo de siempre?… y nunca cometió un error al entregar las bebidas. Algunos de sus clientes podían no haber asistido al bar en cinco años o más y aun así, ella tenía en la memoria qué era lo que pedían siempre.      Otra de sus facetas era la de contar “chistes” pícaros,  de todos colores desde algunos que podría escuchar un niño hasta otros muy subidos de tono, así descubrimos su histrionismo, los actuaba con tal gracia que le sugerí que hiciéramos una “Noche de contadores” pero de contadores de chistes, en donde ella sería desde luego la protagonista. No logramos realizar esa idea pero nunca olvidaré las gratas noches en que ella como dueña y señora del escenario nos deleitó con sus chistes, anécdotas y desde luego… sus boleros.

Entre sus “fans” contaba también con jóvenes que se presentaban como al “After Hours” después de las 12 pm. para escuchar cantar a Maritere canciones de Luis Miguel hablando de los boleros que éste había vuelto a la vida en un disco dirigido por Bebu Silvetti. Ella los sacaba de su error diciéndoles cual era el verdadero autor y desde luego complaciéndolos con lo pedido. En esos grupos un joven “Juanito” que se decía su novio, al cual ella le seguía la broma, nos decía: le quiero porque nunca me engaña, siempre me dice con quién anda. Una ocasión el chico, presumiendo con su grupo, le dijo, “¿verdad Maritere que somos novios?” “Sí”, -dijo ella- y otro de los chicos comentó “¿y te va a mantener?” Ella contestó: “Sí…pero ¡en suspenso!” Y todos reímos en coro.

La época de la FIL cada año era nuestra mejor temporada, tanto por los personajes de la literatura y el arte que nos visitaban, como por el ingreso económico que percibíamos. Tuvimos el gusto de contar con la presencia de grandes personalidades como: Cristina Rivera Garza, Sara Poot, Gonzalo Celorio, Margo Glantz, Rafael Tovar y de Teresa, Dante Medina, Ana Clavel, Sanjuana Martínez, Lidia Cacho, Jorge Zepeda Patterson, Carlos Martínez Assad, Yolanda Andrade, Rogelio Cuéllar, Toni Guerra, Jorge Souza, Carmen Villoro, Beatriz de Moura, Cristina y Alberto Stebelski, Mora Godoy, Jaime Avilés, Jorge Esquinca, Xavier Velasco, Ricardo Yáñez, Ana Gloria Moya, Gabriela Araujo, Ligia Cámara, Juan Manuel de la Rosa y Jaime López entre otras distinguidas personalidades.

Cuando decidimos comprar el Gato Verde a Maritere, le dije: “está bien, pero con una condición: que te quedes a cantar con nosotros”. La alegría reflejada en su rostro nos hizo sostener durante cinco años ese bello y no productivo lugar. En nuestro intento por levantarlo le agregamos muchas actividades: exposiciones de pintura y escultura,  club de lectura, clases de tango, un grupo de jazz, un trío romántico, un dueto argentino, varias cantantes jóvenes y muchas actividades más, todo alternando con Maritere acompañada al piano por su hermano Pepe, un extraordinario pianista. También tratamos de apoyar el sostenimiento  del lugar con la exquisita comida francesa de Bernard Resve, la cual Maritere apreciaba y disfrutaba, en varias ocasiones llegaba temprano para deleitarse con los manjares de su “frenchito” como ella cariñosamente le nombraba.

Tenemos en la memoria cientos de anécdotas, ésta es una breve semblanza de lo que junto con Maritere vivimos y como ella, me despido con su inolvidable “Graaciiiasss”,  para ella y para todos los que de alguna forma contribuyeron a sus momentos de felicidad.

Maritere
Maritere en El Gato Verde

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