Efraín Franco (recomendación literaria)

Efraín Franco (recomendación literaria)
0 18 septiembre, 2018

Efraín Franco Frías hizo estudios de Licenciatura en Letras. Licenciatura en Derecho. Maestría en Lengua y Literatura Española e Hispanoamericana; Doctorado en Educación Superior y Doctorado en Literatura. Se desempeña como Profesor investigador de Tiempo Completo, Titular, en la Universidad de Guadalajara.  Es Director del Instituto de Investigaciones Estéticas del CUAAD, UdeG desde 2002. Jefe del Departamento de Artes Escénicas de la Universidad de Guadalajara (2010-2013).  Miembro del Sistema Nacional de Investigadores (2007-2010). Miembro del Imaginario Iberoamericano CEXECI; de la Red Latinoamericana CITU, para la Creación e Investigación Teatral Universitaria; de la Red Internacional de Investigación en Arte, RIA; de la Comisión de Planeación y Apoyo a la Creación Popular (CACREP) de Jalisco (2014-2016). Fungió como Presidente del Seminario de Cultura Mexicana, Corresponsalía Guadalajara (2008-2010). Realiza periodismo cultural impreso, radiofónico y televisivo desde hace 40 años. Participó como actor 1972 al 1994 en diferentes grupos y compañías. 15 de sus obras se han escenificado.  Es autor de 12 libros y coautor de 18. Entre otros: Crónica de un adiós; Nunca más abril; Malinche, una identidad rota; Trolebús; Romanza cruel; Puente Grande o Los Avestruces; Conjuros; Los Motivos de Onán; Diario de un fumador; ¡Pum, pum, pum! No es la guerra; Canto y llanto por San Juan de Dios; Cultura popular y artesanías de Jalisco; Traficantes de oro rojo; tomo VII Enciclopedia temática de Jalisco; Pedagogía Teatral, Política cultural; Apuntes y Reflexiones; Protagonistas del Teatro Jalisciense; Rutas del teatro latinoamericano contemporáneo; Eco de voces sin aliento. Desde 2017 funge como Presidente del Consejo Estatal para la Cultura y las Artes de Jalisco.

 

TRAFICANTES DE ORO ROJO

Efraín Franco Frías

ESCENA VII

(FRAGMENTO)

COR, CORDIS

Ingresa la Madre por la puerta del fondo, aunque ve diversos órganos pendiendo, ella sólo se detiene en los corazones, lo revisa para comprobar si es el que busca. No lo encuentra. De fondo se escucha “Si yo tuviera un corazón”. Su escena se desarrolla recorriendo el escenario, revisando las vísceras, la red, los muebles. (…)

MADRE.- Hace tres meses murió mi hijo, todavía llevo luto, quizá lo voy a llevar toda la vida. Ya viví varios de los momentos que nos provoca la muerte de un ser querido: al principio lo negué, estaba segura que era un error, una confusión. Dios no podía hacerme esto; luego me indigné, busqué culpables, alguien debía tener la culpa, sobre todo los médicos por su manifiesta incapacidad de salvarlo, pero poco a poco, después de muchas lágrimas fui encontrando resignación; fui aceptando el vacío en mis entrañas, que algo murió en mis adentros. Alberto sólo tenía 22 años, (…) estaba lleno de vida, pero los accidentes ocurren a cualquier edad y él chocó contra el muro de contención en plena carretera cuando regresaba a casa. Muerte cerebral dijeron los médicos y ante eso poco había que hacer, yo le pedía a Dios, a la Virgen, a todos los santos, un milagro pero… Alberto desde los 18 se había inscrito en el padrón de donadores de órganos y traía consigo su placa. Debemos cumplir su voluntad me dijeron, (…) Su hijo seguirá viviendo en muchos otros, su hijo se multiplicará en vidas. Tiene razón, dijimos y yo lo afirmé con la cabeza. (…) Me entregaron parte de lo que fue mi hijo para cumplir con los servicios. No me dejaron verlo a pesar de mis reclamos. (…) Lo que no he sabido y lo busco por todas partes, es dónde quedó su corazón. Nadie sabe nada, nadie dice nada. Parece que hay una red invisible y poderosa de complicidades. (…) Quieren hacer creer en sus informes que mi hijo no tenía corazón, pero yo sé que era lo más hermoso que tenía Alberto. Era un corazón hermoso de 22 años, un corazón que amaba intensamente, que latía lleno de vida.  Nadie de los que están en la lista de espera se enteró que había un donante porque jamás les dijeron nada(…) Han pasado tres meses de la muerte de mi hijo y no concilio el sueño, la angustia aparece a cualquier hora, las preguntas me asaltan, las dudas me atormentan. Ahora sé que hay redes poderosas que nos atrapan, que nos sustraen lo que más queremos, que nos ponen espadrapos en la conciencia, que matan la palabra y ahogan el grito (…) Falta su corazón que es el mío, el tuyo. No voy a callar, no puedo callar mientras dure mi duelo. En este país hay clínicas y hospitales donde el tráfico de órganos es algo consuetudinario, algo sabido y que opera al amparo de los que detentan el poder. Los traficantes de oro rojo han conformado redes tan poderosas como los carteles de la droga, como los partidos políticos, como las religiones. Mi voz es pequeña, casi inaudible, pero el corazón de mi hijo es grande y hermoso y mi sed maternal de justicia tiene la fuerza para enfrentar a todas las redes del mundo. Yo puedo perder todo, la vida misma, todo, menos la esperanza de encontrar el corazón de mi hijo que está latiendo en algún lugar del universo (Se dirige a partes de la red y las desprende, las tira, una música acompasada por fuertes latidos la acompaña, las luces se van apagando, mientras esto ocurre se escuchan algunas notas de “ Si yo tuviera un corazón”.)

 

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