Guillermo Schmidhuber (colaboración literaria)

Guillermo Schmidhuber (colaboración literaria)
0 20 septiembre, 2018

Guillermo Schmidhuber de la Mora es autor de 127 libros, individuales y compartidos, que incluyen cuarenta obras dramáticas que han sido representadas en Argentina, Brasil, España, Estados Unidos, Francia, México, Puerto Rico y República Dominicana. Ha publicado varias colecciones de cuentos y dos novelas (Mujeres del volcán de Tequila y Finjamos que soy feliz); además de un ensayo de imaginación, Elogio de la estupidez.

Es sobreviviente de la carreta de Ingeniero Químico 1962-1967 en la Universidad de Guadalajara; de una maestría en Administración en la Universidad de Pensilvania, y de una maestría y un doctorado en humanidades en la Universidad de Cincinnati, Ohio. Es miembro del Sistema Nacional de Investigadores nivel 2. Además, es uno de los sorjuanistas más reconocidos; descubridor de dos textos perdidos de sor Juana, de la comedia La segunda Celestina y de la Protesta de la fe.

Como promotor cultural fue Secretario de Cultura de Jalisco de 1995 a 2001. Anteriormente fue Director General del Centro Cultural Tijuana CECUT, en su periodo de apertura, y del Centro Cultural Alfa de Monterrey (1978-1986).

Ha sido profesor de la Universidad Antropológica de Guadalajara, de la Universidad de Guadalajara, del ITESM Campus Monterrey y Guadalajara; en Estados Unidos de la Universidad de Louisville y la Universidad de Kentucky. Ha presentado más de 200 conferencias en tres continentes.

Algunas de las distinciones que ha recibido son: la medalla Nezahualcóyotl de la Sociedad de Escritores de México (SOGEM, 1978), por La catedral humana, y el Premio Nacional de Bellas Artes de Literatura, género teatro, y el Premio López Velarde del Gobierno de Zacatecas, por Los herederos de Segismundo (1980); además, su pieza Por las tierras de Colón mereció el Premio Letras de Oro de la Universidad de Miami. En 2010 recibió el premio Víctor Sarquís Merrewe de literatura; en 2017 el Galardón al Mérito Teatral del Consejo Estatal de la Cultura y las Artes de Jalisco, y el Premio Jalisco de Literatura 2017 del Gobierno del Estado de Jalisco.

 

 

Yáax, el primer mexicano. Monólogo fantasioso

Escrita en Argentina del 30 de marzo al 2 de abril de 2018

A Fernando González Quintanilla (22/07/1955-14/02/1994) porque me contó esta historia en 1985 y me recomendó escribirla.

 

Yáax.—Todo comenzó cuando estas tierras se abrieron al mundo. Llegaron los barcos, ¿de dónde si no?, de Castilla; mi padre partió de Puerto de Palos en Huelva, el mismo puerto que salió Cristóbal Colón en su primer viaje. (Detiene el ritmo acelerado de sus palabras.)¡Yo no pedí nacer! Bueno, nadie rogó para nacer… ni ustedes. ¿Me callo mi historia o mejor se las cuento?… Hoy me siento más despabilado. ¡Acepto el reto!, pero ahora que les cuente alguno de mis sucedidos, verán porqué ganas de vivir no me quedaron, al menos no tantas como veo que ustedes aún tienen.

(***)

Yo soy un alma en pena que fui sacado del país de los muertos por la sabiduría de un mexicano en una sesión espiritista. ¡No, no se rían! Un tal Francisco, mismo nombre de Pizarro y de Hernández de Córdoba, pero este se apellidaba “Madero”, como ese material del que están fabricados los barcos. Él me informó podía comunicarse con los muertos y aprender de nuestra sabiduría. Así que me robó del Xibalbá para hacerme la pregunta: “Como el primer mexicano que eres, ¿qué querrías hacer?” Y yo le respondí que, “Ni era ése ni sabía lo que era un mexicano.” Y él aclaró con vehemencia, “Soy el primer presidente democrático de este país y no sé qué hacer ni a dónde conducirlo.” (…) Francisco se ensombreció y prosiguió:

“Yo no puedo ser un gran presidente y pronto me matarán. No puedo gobernarlos, pero al menos quisiera entender el por qué.” Yo no supe qué responderle.

Pensó un instante sus palabras y agregó: “Si fueras Chan de todos los mexicanos, ¿qué harías?”

Yo abrí la boca y dije lo primero que se me ocurrió: “Que todos estén vivos… que coman… y que lleguen a morir con la cara satisfecha. Si no logras esto, no eres Chan, y si hoy tu pueblo no quiere que lo manden, es porque ya tiene comida y salud, casa y tumba.” Y agregué: “Nadie de mis amigos sabe tanto como yo, porque esto lo aprendí de mi padre y también me dijo muchas cosas mi madre. Por eso soy dos veces sabio.”

Madero me miró con los ojos razados en lágrimas… Su imagen se fue desvaneciendo y luego su voz desapareció, y nunca volví a saber de él. (…)

Y estando aquí me di cuenta de tanto bochorno, y como mi padre me enseñó a leer y a escribir, pues redacté esta crónica para recordarles que vinimos de una gran raza, de un padre sabio que vino de lejos y de una madre vinculada a otra sapiencia, ¡nadie en el mundo puede tener tanta sabiduría!

Pero ¿cómo no vamos a tener miedo a la incertidumbre, si reconocemos en qué merequetengue fuimos formados?…

¿Cómo no vamos a tener afición al poder, si nada hemos conseguido sin la intromisión de la política?…

¿Cómo vamos a creer en alguien, si todos nos hemos traicionado?…

¿Cómo vamos a creer en la amistad, si siempre la envidia nos ha corroído?…

¿Cómo vamos a estar orgullosos de nuestro terruño materno cuando muchos hemos tenido que exiliarnos?…

Bien saben que soy un alma en pena porque ese Madero me castigó a ser un eterno vagabundo y pienso que será así mientras que esos que se llaman mexicanos sean infelices. (Mira al público con fijeza.) ¡Me estoy refiriendo a ustedes… y a mí! Yo fui el primero y ustedes han llevado mi carga…

Entonces, ¿qué? ¿Aceptan luchar para ser felices de una vez por todas y así borrar todas estas paparruchadas?

Cuando lo logren, podré descansar en paz… mientras tanto quedaré errante.

Cada vez que griten “¡Viva México!”, se me va a clavar un dardo en el corazón.

¡Adiós, hijos del gran Chingón! (Lo ha dicho con gran orgullo)

¡Ése soy yo y así quiero que me recuerden!

(Continúa sincero y humilde.)

¡Y no pidan más… porque más no tengo para darles…!

(Ha acabado con un nudo en la garganta porque casi llegó al punto de llorar. La luz disminuye hasta dejar un cenital. Yáax, cabizbajo, agita su mano en señal de despedida. Fin del monólogo.)

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