El Danzón nos salvará

El Danzón nos salvará
0 24 octubre, 2018

La cultura es un adorno en la prosperidad y un refugio en la adversidad

Aristóteles

Homero Torres

octubre de 2018

 

En los primeros días de octubre en Reynosa se realizó el quinto festival de danzón “Rosa Brondo”  habiéndose extendido hasta el domingo ocho,  cinco años consecutivos de lograr realizarlo sorteando todo tipo de vicisitudes con el entusiasmo de Elio Palacios como promotor cultural no es poca cosa , en especial en una ciudad que según la prensa se caracteriza por figurar como una de más peligrosas de la República , aunque cómo están las cosas en nuestro País, prácticamente en todo el territorio nacional la criminalidad y el hampa han extendido sus redes alcanzando ciudades que hasta hace pocos años parecían blindadas ante este flagelo. En Guadalajara y su zona conurbada todos los días tenemos noticia de asesinatos cometidos por la delincuencia, en la Ciudad de México también se han incrementado la violencia y la inseguridad, por no hablar ya de otras entidades como Guerrero, Sinaloa, Michoacán, Veracruz, Colima, recientemente Baja California, o ciudades como Acapulco, Culiacán, Tepic, Ciudad Juárez, etc. Por lo tanto, un festival de baile como el que se realiza año con año en esta ciudad fronteriza representa además de un gran esfuerzo de los organizadores -sociedad civil y gobierno-  una oportunidad de reparación del tejido social, aunque parezca solamente un pequeño zurcido, es en realidad  un enorme remiendo para una sociedad rasgada por la desesperanza ante las dificultades cotidianas, el evento representa también  la  posibilidad de disfrutar del baile, la música, sonreír y recordar que somos un pueblo alegre y festivo que tiene la capacidad de sobreponerse a sus dificultades compartiendo la celebración, la convivencia y la solidaridad. La música y el baile son elementos que permiten también la evasión de los problemas y el logro de momentos de disfrute y esparcimiento.

 

Reynosa es ante todo una ciudad de trabajo, muchos de sus pobladores han llegado de fuera a laborar en la industria maquiladora local, que según nos cuentan: “paga un poquito mejor” que empresas similares en otros estados, tal vez por eso y como dato curioso es que el sesenta por ciento de la población que llega a los centros de trabajo de esta ciudad fronteriza es veracruzana. Tomando datos del INEGI de tres años atrás la ciudad es la más poblada de Tamaulipas con 646 mil  habitantes,  superando a Matamoros que cuenta con alrededor de medio millón, sin embargo, considerando la cercana zona de Río Bravo y los municipios aledaños a la zona del valle de Texas existe una población que se estima rebasa el millón de personas.  En este contexto no parecería extraño que una tradición tan ligada a Veracruz como lo es el danzón haya comenzado a tener arraigo entre la alegre y franca población reynosense junto a personas llegadas del puerto jarocho donde el danzón incubó desde hace más de cien años. En Reynosa me ha tocado comer tamales de masa en hojas de plátano estilo Veracruz, frijol negro, zacahuil, plátano macho frito y dulces típicos que contrastan con las hamburguesas y otras comidas más, apegadas al patrón gastronómico norteamericano. También existe una réplica en pequeño del carnaval veracruzano, hay actualmente un vuelo directo entre Reynosa y el puerto debido al ir y venir de personas entre  ambas ciudades y en la cafetería de la terminal aérea venden café “Bola de oro” de Coatepec, mismo que ya ni siquiera en el aeropuerto de Veracruz es ofrecido a los viajeros, puesto que desde hace dos años -me consta- ocupa su lugar un café oaxaqueño de mediana calidad.

 

El festival danzonero se empieza convertir en una tradición en la ciudad fronteriza y se realiza en su mayoría en las instalaciones del magnífico Parque Cultural Reynosa, equipado -entre otros espacios- con dos teatros, amplias salas de exposiciones y un hall maravilloso que permite realizar importantes eventos relacionados con la cultura. El Festival en esta ocasión incluyó exposiciones fotográficas, de pintura, muestras gastronómicas,  desfile de autos antiguos, películas documentales, una conferencia sobre: Tango y danzón por Mina Arreguín y dos talleres de danzón,  uno a cargo de Saúl Torres de Monterrey y otro impartido por Miguel Ángel Zamudio, representante -a mi juicio- de la más prestigiosa escuela de danzón en México denominada “Tres Generaciones de Danzón Veracruzano”. Dentro del programa  no podían faltar tampoco las muestras y rutinas de los grupos de bailadores tanto locales como visitantes,  acompañados por la Danzonera México del maestro Daniel Guzmán de la CDMX así como la inclusión de bailes populares y la participación de la Banda Sinfónica Infantil Raúl Flores García de Reynosa que junto con la danzonera capitalina amenizaron los eventos dancísticos.

 

La ciudad acogió gustosa a visitantes de varias regiones, algunos de otras ciudades tamaulipecas cercanas o  del vecino estado de Nuevo León, había también bailadores de Veracruz,  Guadalajara, Cancún, Toluca, por sólo dar unos ejemplos y también hubo visitantes de ciudades fronterizas cercanas del lado Norteamericano. Una muestra de la interacción social entre habitantes locales y visitantes fue el baile dominguero en la plaza principal Miguel Hidalgo, donde la gente se maravilló con la música de la orquesta y el colorido traje de los bailadores ante un sol abrasador que era contrarrestado por una carpa enorme proporcionada por el H. Ayuntamiento de la ciudad y convenientemente equipada con sillas que los mismos bailadores ubicaron bajo la sombra que proyectaba la lona, la gente se acercó tímidamente al principio y muchas más se fueron añadiendo para disfrutar la música y el baile hasta que poco después se llenaron todos los espacios por caras contentas y sorprendidas que vivieron un emotivo momento en el que se podía bailar o sólo observar en un ambiente de alegre convivencia.

 

Mención aparte merece la banda infantil y ahora ya también juvenil de Reynosa dirigida por el maestro Raúl Flores Valenzuela quién es hijo del difunto maestro que le da nombre a la agrupación, pertenecen a ella ciento veinte alumnos entre niños y adolescentes. Da gusto  ver trabajar al maestro Flores con esos jóvenes y escuchar sus interpretaciones, el crecimiento musical de la orquesta ha sido constante y ha estado muy ligado –como lo reconoce su director- al desarrollo del evento anual de danzón, es notorio que cada año la banda toca mejor y se consolida. Los muchachos llegan en un camión viejo proveniente de una colonia en la periferia de la ciudad, en su mayoría son jóvenes de escasos recursos que encuentran en la música una razón de crecimiento intelectual y para algunos otros representa la consolidación de un proyecto de vida.

 

El respeto hacia su director es manifiesto en esos chicos sonrientes y muy ordenados, que muestran en sus miradas el brillo y la alegría propia de la juventud esto se ha ido logrando a base de trabajo,  el reconocimiento al maestro es evidente también entre los padres de todos ellos, que lo consideran pilar fundamental en el crecimiento y desarrollo personal de los muchachos y admiten la influencia del maestro Flores y la orquesta en la buena relación fraternal en su pequeña comunidad, “nosotros nos sentimos muy honrados de tenerlo como maestro en nuestra colonia, mi hija y las otras mamás lo apoyamos en todo”  me dijo la abuela de uno de los pequeños músicos y no permitió que yo le invitara el café “como cree, nosotras pagamos el café del maestro” al tiempo que orgullosa extendía la mano con un billete a la expendedora de la bebida. Otra mamá me explico cómo algunos padres han cedido a las pretensiones de sus hijos por dedicarse y estudiar música y ahora aceptan gustosos esa actividad ya que han visto el desarrollo de ellos en la orquesta, algo que hubiera sido impensable unos años antes.

 

El acervo musical de la banda infantil es cada día más extenso, y ha crecido notablemente aquel que tiene que ver con la interpretación del danzón, el propio Miguel Ángel Zamudio que también es el director de la danzonera “Tres Generaciones” de Veracruz, les proporcionó las partituras de varias obras; Mina Arreguín les obsequió las partituras de un danzón de su autoría que ya forma parte del repertorio y lo interpretan desde el año pasado. El maestro Flores estrenó un danzón llamado “Eclipse”  y el extraordinario violinista y compositor local Don José Ramos ha proporcionado piezas suyas al acervo, ahora que ya se retiró de tocar en orquestas sinfónicas  se dedica a componer y hasta participa con su violín cuándo interpretan sus danzones, uno dedicado a “Rosa Brondo”  y otro llamado “Atardecer reynosense”  en éste último Don Pepe canta una parte llena de melancolía donde dice que “Reynosa era chiquita”  evocando tiempos de su juventud.

 

He sido testigo de la dificultad que año con año experimentan los organizadores de este evento para llevarlo  a cabo, los esfuerzos del Elio Palacios para invitar y llevar participantes y los problemas con los recursos que tiene que conseguir la autoridad gubernamental en épocas que parecen crónicas en lo referente al recorte presupuestal. Sin embargo y sin lugar a dudas los recursos que tienen que ver con eventos populares de este tipo, creo que son los recursos mejor invertidos para el sano desarrollo de una población, me parece que ante la violencia creciente y desmedida que enfrentamos en México todos los esfuerzos por privilegiar a la cultura, la música y el baile tienen una tasa de retorno que no se debe medir en dinero sino en algo más importante: el enriquecimiento espiritual, el esparcimiento, la mejora de la salud mental de los núcleos sociales y familiares que conforman nuestra sociedad y la convivencia, debemos pensar que la cultura nos salvará, el baile nos salvará, la música nos salvará y el danzón  desde luego.

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