Una Carta de Amor de Quentin Tarantino

Una Carta de Amor de Quentin Tarantino
0 30 agosto, 2019

Martín García López

Cuando era un niño de los 90 pensaba que Leonardo DiCaprio y Brad Pitt eran la misma persona, pero después de veinte años distingo el rostro de cada uno en diferentes películas. Desde: Fight Club, Troya, The Assassination of Jesse James by the Coward Robert Ford en el caso de Pitt, hasta Titanic, The Man in the Iron Mask y The Aviator con DiCaprio. Y me pregunto si la decisión de Quentin Tarantino de elegir a estos dos actores como los protagonistas de su novena película ¿es parte de este Efecto Mandela? Aun sin saber la respuesta, admiro y respeto que Tarantino haya elegido a estos dos símbolos de Hollywood para participar en su carta de amor hacía la ciudad. Porque eso es Once Upon a Time in Hollywood, una confesión de gratitud por el espectáculo de los años 60.

No es secreto que la educación fílmica de Tarantino viene de su ex trabajo en un videoclub, tampoco es secreto que su cine se basa en la imitación -homenaje- del cine de género “B” que durante años le enseñó sobre composición de colores, ángulos en una toma y cómo armar una trama. Es por eso que Tarantino pone su ojo en el último año de la década de los 60s y, a través de la matanza realizada por Tex Watson, Susan Atkins, Patricia Krenwinkel y Linda Kasabian -miembros de la familia Manson-, reconstruye la historia de la emblemática actriz Sharon Tate -Margot Robbie-, quien fue asesinada por estos. Pero en la película de Tarantino no hay jóvenes estrellas embarazadas que terminan su carrera de forma abrupta, porque esta es una carta de amor y un cuento de hadas que culmina con un: “vivieron felices por siempre”.

La película nos sitúa en Febrero y Agosto de 1969, momento exacto en que Sharon Tate y su esposo Roman Polanski-Rosemary’s Baby-se mudan a Cielo Drive, al lado del actor venido a menos, Rick Dalton (DiCaprio), quien, acompañado de su mejor amigo y doble de acción Cliff Booth (Pitt), recorren los bulevares de Hollywood recordando una mejor época. Por su parte, en las mismas calles, la actriz Tate, con una tremenda simpatía, vitalidad y pureza, deambula por las fiestas de Hugh Hefner, va al cine a ver su película The Wrecking Crew y compra un libro para su esposo. Y, por otro lado, casi de fondo y sirviendo como vínculo entre Dalton y Booth con Tate, está La Familia Manson que en varias ocasiones se cruzan con los primeros y este hecho es su condena cuando minutos antes de terminar la película, los asesinos toman la decisión que cambiará la historia de Hollywood.

¿Por qué cambiar los hechos? Tarantino ya ha reconstruido el pasado, busca que al final de su película los “buenos” tengan cosas buenas y “los malos” un castigo. Solo debemos de recordar a Butch Coolidge yéndose de la ciudad en una motocicleta, Django venciendo a los esclavistas y a Beatrix Kiddo reunida con su hija. Y siento que Tarantino quiere eso para Tate y la Familia Manson; siento que Tarantino desea, por medio del cine, salvar la vida de una actriz y de una época que lo hizo feliz de niño.

Ya había dicho antes que Tarantino hizo esta película como una carta de amor al cine, donde cada cameo es un retrato del enorme cariño que el director siente por los actores. Por eso tenemos esta escena que me parece clave para entender su película: mientras Dalton espera a ser llamado a escena, una niña se acerca a él. La joven actriz Trudi ( Julia Butters) habla con Dalton sobre qué significa la interpretación de un actor y, sin saberlo, es la única persona que lo consuela en su caída del estrellato, ya que Dalton sabe que el papel que está por interpretar es otra pala de arena sobre su carrera. Pero la escena anterior tiene un efecto dominó cuando Dalton interpreta al villano del Western que tiene secuestrada a Trudi y construye en la pantalla, a través de una violenta improvisación, la mejor actuación de su vida. Lo trágico es que ese espectacular momento queda guardado en un capítulo piloto para los productores de una serie que nunca se va a estrenar. Pero sin importar eso, al finalizar la escena, Dalton llora cuando la niña y el director le dicen que es un gran actor. Tarantino construye este momento para darle a sus personajes un goce personal, pues él como todo niño, pretende un final feliz para sus personajes, para el cine y para los actores que lo formaron como director.

En la historia que repetimos en nuestro mundo: los asesinos ingresan a la casa de Polanski y asesinan a Tate y a sus tres acompañantes – Jay Sebring, Wojciech Frykowski, Abigail Folger-, cambiando el espíritu de Hollywood y acelerando el final de la década de los 60s. Ahora, en la historia que Tarantino quiere contar: los asesinos ingresan primero a la casa de Dalton, sin saber que ahí se encuentra Booth, un hombre que casi vence a Bruce Lee en el set de The Green Hornet. Este enorme cambio histórico hace que Once Upon a Time in Hollywood pasé de ser un drama histórico sobre el asesinato de Tate a convertirse en un cuento de hadas donde el final más enternecedor y perturbador es posible: el potencial ascenso de la carrera de Dalton, la mitificación de Booth como doble de acción, una larga y fructífera carrera para Tate y para Tarantino, la idea de que tal vez el cine sí salva vidas.

Once Upon a Time a Hollywood

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