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Estación Juárez: encrucijada para encontrar el sentido de la vida

Bianca Eunice Castillo Villanueva

 
23 de mayo de 2011

Teatro en Guadalajara - Estación Juárez, de Teófilo Guerrero: encrucijada para encontrar el sentido de la vida - El faro cultural - Guadalajara jalisco méxico - Bianca Eunice Castillo VillanuevaLas luces se apagan y el foro de La Casa Suspendida queda en una oscuridad que intimida. Se escuchan unos pasos firmes y se distingue la silueta de una mujer. La luz se enciende tenuemente sobre su cuerpo y Vera Wilson ya es Rosalba Fernández. Mujer que comienza a describirse como hija, novia, estudiante, culito… pero nunca como ella misma.
     Rosalba se fuga en un viaje desde Guadalajara a Barcelona para escapar de su vida en la búsqueda por su propia identidad. La travesía comienza en la Estación Juárez del tren ligero donde al abordar el vagón siente “miedo, hormiga azul hielo sobre mi vientre” el cual la invade al pasar por San Juan de Dios donde se queja del olor a mierda, Belisario, Oblatos, Cristóbal de Oñate y luego el recorrido en camión hasta el aeropuerto. Los paisajes cambian a la par de los sentimientos y los pensamientos que van atormentando a Rosalba.
     Juegos de luces, movimientos corporales y cambios de música que van desde fragmentos de Ramón Ayala hasta los coros que Rosalba canta de “Alfonsina y el mar” envuelven al espectador en esa tensión del personaje por encontrar sentido a su existencia. La mujer huye de sí misma, le da vueltas a su esencia para no topársela de frente, luego viene la paranoia de no saber quién es cuando la única respuesta que encuentra al remolino de pensamientos que la hostigan es el suicidio, pero ¿valdrá la pena morir?
     El faro cultural te invita a apreciar Estación Juárez, una obra de teatro que retrata la compleja sensibilidad femenina, en la que se cuestiona irónicamente la visión que la sociedad y las mujeres tienen sobre sí mismas y su habitar en el mundo.
     Los aplausos sonaron fuertes y el público salió conmovido. Detrás del escenario, en los camerinos, Vera recuperaba el aliento, mientras Teófilo Guerrero, como buen director hacia una retroalimentación de su trabajo. Tuvimos la oportunidad de charlar con ellos y te compartimos lo que nos dijeron:

Teófilo Guerrero/ Dramaturgo y director
El tema de la mujer por un hombre
“Tienen mucho que ver todas las mujeres que han pasado por mi vida. Empezando con mi mamá, está todo condensado ahí: la mujer como madre, como esto, como aquello, siempre fui testigo de todos sus roles, incluso iba a incluir el de puta, pero me parecía que iba a ser ya demasiado. El personaje de Rosalba es la visión que a mí me enseñaron de hombre hacia la mujer, no muchas veces con respeto, con comprensión tampoco, y dije voy a jalar esa percepción que se tiene de la mujer y la voy a poner acá y fue complicado porque la sensibilidad de la mujer es muy especial”.
Un ícono de movilidad: Estación Juárez
“Jugué con la metáfora de la Estación Juárez como la estación ramal del sistema de tren eléctrico, pero también quise metaforizar la idea del cruce de vías, la cuestión de la identidad, mencionar, tener, estar en Guadalajara porque siento que nos hemos olvidado como dramaturgos muchas veces de nuestra ciudad, no hay muchas cosas que sucedan en Guadalajara en nuestra dramaturgia y no estoy hablando que suceda tal cual en Guadalajara puede ser la sensibilidad de este espacio visto desde otra ciudad.
Una cicatriz elitista
“Esta es una buena oportunidad para hablar de Guadalajara porqué me duele esta ciudad. Guadalajara ignora que tiene otra parte siempre es o la Minerva, las obras más importantes están del lado *** de la ciudad, si hacen festivales los hacen en Chapultepec pareciera que nada más existe una parte de Guadalajara y yo habiendo vivido 35 años en el otro lado de Guadalajara, en esa parte que la sostiene, casi toda la economía que sostiene esta ciudad proviene de aquí, tuve que llevar a un personaje que vive por Rafael Sanzio en Zapopan a esa parte de la ciudad que lo mantiene”.
La ironía ojete
“Es una ironía ojete pensar qué pasaría si una chava de los rumbos “nice” se sube al Tren Ligero a hora pico y se baja en pleno Oblatos y luego tiene que tomar el 80B después de haber vivido aquí en la pequeña Europa. Cómo cambia el paisaje: tener que bajarse del aeropuerto del camión que es algo terrible. Cómo dialogan una y otra parte de la Calzada, a mí me gusta pensar la ciudad”.
Dramaturgos tapatíos en extinción
Le preguntamos a Teófilo Guerrero sobre su reciente publicación Café para intelectuales en Arlequín y nos comentó: “Ya había publicado en Dramatis Cardium, donde participan otros dramaturgos sobrevivientes de la extinción de los dramaturgos de Jalisco que son Víctor Castillo, Jorge Fábregas, Pepe Lira, José Ruiz Mercado, Gabriel Bárcenas, él no participa, pero es de los pocos que quedan. Fue después de que Café para intelectuales llegó a más de 50 funciones cuando Felipe Ponce puso la otra mitad del triunfo y dijo vamos publicándola. Otra buena noticia es que se lanzará una segunda edición. No puede haber un movimiento teatral si no hay dramaturgos, necesitamos que escriban nuestras historias”.
Vera Wilson/ actriz
La preparación
“Fueron muchas etapas por un lado el entrenamiento físico es muy necesario, es muy corporal la obra, no hay circo pero se necesita tener una buena condición. Aprendí también cosas nuevas de la mano de Teo, adquirí herramientas con las que no estaba acostumbrada a trabajar”.
La actriz nos comentó que lo más difícil fue “Crear mundos con la mirada y hacer que la gente lo logre imaginar es un gran reto, primero lo tienes que ver tú para transmitírselo a la gente. Es un trabajo muy detallado, si se te pasa algo se te va ese momento y hay que estar atenta para no perder el hilo de la obra”.
Apropiarse de Rosalba
“Me pega el personaje de Rosalba, yo me llegué a sentir en algún momento como ella, no en ese extremo, pero muchas veces sentía que actuaba o hacia las cosas para que la gente dijera ¡Bien! Y alzara el pulgar. Por la aceptación de los demás. Mi yo se quedaba mancillado, o hecho chiquito”.
El monólogo, un reto
“El monólogo te obliga a estar presente y el cuerpo te ayuda a la organicidad. Es mi primer monólogo. Empecé a actuar a los 9 años en el Grupo Barret, siempre en la escuela hice teatro. No siempre fue continuo, pero luego regresé para hacerlo sin parar y llevo 6 años”.
“Cuando bajo del escenario me siento me siento muy agotada, es algo muy intenso, sales con mucha energía. Veo a la gente en el escenario y la gente reacciona muy diferente, hay quienes se ríen, otros se guardan sus reacciones, al final he recibido muchas felicitaciones”.

 

 

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