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Medeski en Guadalajara
Un jazz sin prejuicios ni paradigmas

Erik Castillo

     

Sin aspavientos, trajes, gestos, adornos ni protocolos, que al final, son innecesarios: John Medeski se sienta al piano y descarga su mundo. Artista bicéfalo, eterno debatir entre el bien y el mal: la mano izquierda no se cansa de ser tortuosa, de denotar roedores, penas, dolores de vidas pasadas; mientras que la mano derecha descubre prados, colores, señales de vida; faros de esperanza en el horizonte.  Maniqueísmo sonoro de una belleza incomparable la del maestro neoyorkino.
     Medeski demostró una vez más que el jazz solo es un vehículo, no el fin mismo; sin prejuicios ni paradigmas rígidos, el artista sabe seguir caminando en busca de la armonía universal. Sin patrones, escalas recomendadas ni formas aprobadas; Medeski hizo fluir su música llegando a límites de las armonías naturales, esas mismas que sólo pudieron escucharse cuando dios creo el mundo. Con calma el pianista flota entre fractales, alphes y espirales áureos.  
     Algo me dice que el pasatiempo favorito de John es salir los viernes con lluvia, librar un par de taxis en la 5ta. Avenida, quitarse el impermeable mojado, sacudirse la calva y  sentarse tranquilo a tomar café con Rachmaninov y Stravinski.

 

 

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