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Biutiful, una llaga abierta y una  rendija que destella eternidad

La última película de de Alejandro González Iñárritu

Erik Castillo Camacho

 

Biutiful la últiuma película de Iñárritu

Uxbal camina por las calles de Barcelona, Uxbal tiene dos hijos y una ex esposa maniaca, Uxbal vive de la corrupción, Uxbal ayuda a los muertos a encontrar la tranquilidad, Uxbal cobra por ello. Uxbal no conoció a su padre, Uxbal ama a sus hijos, a Uxbal le quedan solo unos meses de vida… Uxbal no es bueno ni malo, Uxbal es el hijo bastardo de una ciudad que se quema eternamente.
En Biutiful, Iñarritu cuenta una historia a través de numerosas secuencias, con su independencia y belleza particular. Hijo del videoclip, el cineasta mexicano logra fragmentar la realidad, acotándola en suspiros audiovisuales que contienen en sí mismos una estructura narrativa; pero que a la vez, su justificación final solo existe gracias a la trama principal. Al igual que en su trilogía anterior el cineasta, ahora guionista y productor también, vuelve a poner sobre la mesa los temas de los que vale la pena hablar: La angustia, la muerte, la metafísica, el dolor, la herida, la luz, el amor, la redención. Si bien, ver Biutiful es igual a mirar dos horas y media una llaga abierta, también es cierto que ver Biutiful es igual a ver dos horas y media por la rendija de una puerta el destello de la eternidad. La belleza de lo cotidiano se desborda en el filme por varias razones: la devoción al detalle, la supremacía actoral de Bardem, la maravillosa fotografía y una cámara subjetiva que tiembla, gira, se angustia y llora como si fuera el alma misma del personaje.
Sin embargo, aun a pesar de ser una película llena de viñetas sublimes, la pieza final que obtenemos no termina por ser una obra maestra: ¿Falta de sensibilidad en el tejido de las partes? ¿Demasiada presunción y fuerza de las secuencias, descuidando la trama principal? ¿Un guionista incapaz de ver con más claridad lo general que lo particular?  Ciertamente se extrañan los saltos temporales de Arriaga, así como la polifonía discursiva de un racimo de personajes que confluyen por azar en la vida. Pero sobretodo, se extraña la cohesión de todas las partes en el filme. La convicción de que todo, absolutamente todo, era necesario para contar la historia. Como guionista Iñarritu es frágil; como director tiene una mirada única y bella.

Nueva película de Iñárritu
 

 

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