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El ambulante de Daniel Burmeister, un hombre con cámara en el festival Ambulante

Juan Carlos Gallegos

 
05 de abril de 2011

El ambulante de Daniel Burmeister, un hombre con cámara en el festival Ambulante - El faro cultural - Juan Carlos Gallegos

El ambulante no sólo comparte con Ambulante, la gira de documentales, el nombre: en esta producción argentina también es importante la cámara, pues el tema es el cine artesanal. Un solitario director de cine, Daniel Burmeister, se dedica a viajar de pueblo en pueblo filmando películas con una sóla cámara, cero presupuesto y con los mismos habitantes de las localidades como actores, muchas veces intérpretándose a sí mismos. En el trailer sobre este documental se puede leer una pregunta: ¿Puede un hombre hacer soñar a un pueblo? En esta caso la respuesta es sí.
            Burmeister llega al pueblo con un auto que anda de milagro y se acerca a las autoridades del lugar para exponerles su proyecto. Además, invita a la población en general a participar. Les dice a todos que no hace falta saber actuar, ni siquiera usar ropa especial. Con ser ellos mismos y vestirse como todos los días es más que suficiente. La negativa no se ve por ningún lado, y todo mundo llega a entusiasmarse. El cineasta lo único que pide a los lugareños es comida y techo.
            Así es como inicia esta historia, con Burmeister dando instrucciones y filmando a los pobladores, mientras las personas que elaboran el documental (los también directores Eduardo de la Serna, Lucas Marcheggiano y Adriana Yurcovich) lo filman a él. Un proceso de filmación dentro de otro. A cada paso el solitario director se encuentra más gente, a la cual invita a participar sin recibir más que uno o dos “no” en todo el proceso. Pronto se ruedan las escenas en el cementerio, donde un fantasma ensabanado asusta al velador. Antes y después de apagar la cámara director y actores están muertos de risa. Luego otras secuencias se filman en las calles, en la iglesia, en un parque.
En otra escena alguien debe hacer de muerto. Meten a un hombre al ataúd, que luego se les cae al suelo a los niños que lo cargan y se rompe. Cuando los niños levantan la caja y la siguen llevando nadie se da cuenta de que se rompió y que el supuesto muerto se queda acostado en el suelo, muy quietecito. Burmeister actúa en la película. Corre y grita mientras alguien lo persigue pidiéndole el dinero que va a cobrarle. Después, en el templo se requiere la presencia del sacerdote para que ayude en otra escena, pero se ha ido. Improvisación: un hombre que viene en su auto es detenido por el director, quien le dice “tenemos un problemita, pero tú puedes ayudarnos ¿podrías hacerla de cura?” Y listo, todo solucionado.
            Burmeister dice hacer cinco o seis películas cada medio año, aproximadamente. Al inicio hacía una diferente en cada lugar, pero ahora sólo trabaja con cuatro o cinco guiones, los cuales repite una y otra vez. En un mes termina de rodar y exhibe su película en la localidad durante tres días. Muchos de los integrantes del público la noche del estreno han participado al menos como “extras”. Las risas al verse en pantalla a ellos mismos o a sus amigos o conocidos no se dejan esperar.
Luego vienen los comentarios de parte de la gente. Opinan que además de la experiencia, el buen momento y la película habrá resultados en su comunidad, pues han interactuado de una forma que antes no habían explorado. El director dice que en un par de lugares anteriores la pareja que se casa en su película después ha terminado por unirse en matrimonio en la vida real. También en otros sitios algunas mujeres no lo saludan por haber casado (en su filme) a su esposo con otra.
            Burmeister logra su cometido, y gracias a él la gente de un pueblo se acerca al cine de manera directa. Sin su ayuda, dice un hombre del ayuntamiento, estas personas nunca hubieran tenido este tipo de experiencia. El director está contento y dice que esta es su vida por el momento. Menciona que su hija le pregunta que qué hará cuando sea grande. También dice que tras 58 películas aún se siente nervioso cuando filma, como si fuera la primera vez. Sube a su auto y sale del pueblo como llegó, por el mismo camino de terracería. La escena final del documental es la misma que la del inicio, pero con el auto desvencijado alejándose en vez de acercarse.
En este documental se muestra como para crear arte y llevarlo a la gente no hace falta mucho, sólo lo más básico y muchas ideas. Si bien las producciones de Burmeister son artesanales como él mismo dice, siguen siendo un medio de expresión artística, y bastante incluyente, pues quien menos lo espera puede ser el protagonista de una película. El ambulante forma parte de Ambulante 2011, y se exhibió en Cine Foro este pasado sábado 2 de abril a las 18:00 hrs.

 

 

 

 

 

 

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