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Terminó la Muestra Internacional en el cineforo con la película Dulce hijo.

Juan Carlos Gallegos

 
13 de febrero de 2011

Dulce hijo en la Muestra Internacional de Cien en el Cineforo

Con la película Dulce hijo (Szelíd teremtés – A Frankenstein-terv, Hungría, Alemania, Austria, 2010) terminó la Muestra Internacional de Cine en el Cineforo. El título en el idioma original incluye la palabra Frankenstein pues el guión está basado en la novela del mismo nombre. El protagonista es Rudi, quien es el equivalente del clásico “monstruo” del cine. A lo largo de la historia se ve involucrado en situaciones en las que el control de las mismas termina por escaparse de sus manos y, como en la novela, ocurre más de un crimen.
El padre de Rudi, quien es director de cine (en los créditos este personaje aparece como “El director”, sin nombre de pila), no conoce a su hijo, y lo descubre por casualidad en una casa en donde se encuentra filmando. Al principio piensa que ha encontrado a buen actor natural, es decir, que no tiene estudios, pero que con sus habilidades naturales puede desenvolverse de manera fluida en escena. Después, cuando descubre quién es este joven, se acerca a él, pero ya es tarde, pues la cadena de crímenes ha comenzado, y termina por convertirse en cómplice de su hijo, al ayudarlo a escapar.
En el inicio de la película, cuando se conocen padre e hijo, el director, padre de Rudi, hace que varias personas traten de actuar en varias situaciones diferentes. La cámara en buena parte de la película es fija, al igual que en estas escenas casi iniciales. Hay tomas que inician con una inmovilidad, y luego se desplazan un poco hacia alguna dirección, por lo que visualmente la película es muy tranquila. El sonido también es muy importante en el filme. Al inicio se escucha una canción, pero es la que el director escuchaba en el radio de su auto, aunque bien podría pensarse si en realidad se trataba de esto o la canción, de manera independiente del estéreo del personaje, cesó de pronto, justo cuando el hombre salió de su vehículo. Después de este momento los silencios serán muy frecuentes y no se interrumpirán más que por ocasionales melodías muy tenues y en contados momentos. Dulce hijo es una película que no tiene explosiones de emoción, pero sí momentos visualmente impactantes, que son aquellos cuando mueren las personas en accidentes o situaciones rápidas e imprevistas. La película en general, a pesar de los asesinatos, es muy tranquila, y el sonido y cámara se ajustan a esto. Esta historia es más para reflexionar y pensar en las situaciones que se nos ofrecen, que para observar una cadena de crímenes sangrientos.

 

 

 

 

 

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