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El Grito y la desahuciada Patria, o el 16 de Septiembre y la narcoguerra

Galileo Contreras

 

 
2 de octubre de 2011

El Grito y la desahuciada Patria, o el 16 de Septiembre y la narcoguerra en Mexico

 

Muy amables señores míos, y señoras por supuesto, quizá no parezca importante sopesar lo que insospechadamente nos ha venido convirtiendo como sociedad el muy poco venerable gobierno. El problema no es local, eso sin duda, pero el malestar es nacional, aunque no se manifieste de forma contínua podemos notar en su intermitencia creciente que sube la lava por el cráter de la injusticia y la impunidad, y que ahora toda revuelta por más justa y necesaria que sea no dejará de tener un tinte de insurgencia y lo peor será el ver cómo el único vehículo verdaderamente revolucionario y de carácter violento, no lo proveerá ninguna guerrilla insurgente, sino la narco guerrilla urbana.

     El mayor peligro para el Estado sería, indiscutiblemente, no los medios de comunicación, cuya connivencia con el sistema político está suficientemente probada, igualmente que el enriquecimiento ilícito de muchos poco probos funcionarios. El mayor peligro del Estado es la ideologización del “narco”, cosa a fin de cuentas poco probable, pues este gobierno nacional ha convertido tanto al propio narco como a la violencia generalizada en la misma justificación de su existencia como Estado; creo que nunca se había visto en el país tamaño descrédito de lo político, y vaya que hemos andado “volando bajo” en estos asuntos por más de tres décadas.

Volviendo a lo que nos hemos convertido como sociedad, o en lo que nos estamos convirtiendo. En principio este sexenio será recordado como el del oprobio, porque los muertos ya no son sólo los de hambre, ahora tenemos los colaterales que giran entre el crimen organizado, y el gobierno. Y volviendo a lo que nos hemos convertido, o quizá en lo que nos quieren convertir como sociedad, es en  una sociedad temerosa, sin capacidad orgánica, a expensas del pánico promovido desde y con los instrumentos más arbitrarios del Estado, de su poder judicial organizado en crimen y de la organización criminal organizada en Estado. No cabe duda que la guerra promovida desde la cúpula del poder, no deja de ser una guerra entre criminales.

Bajo estas condiciones la población no es más que el objeto de explotación de todas las violencias: la violencia económica manifestándose en desempleo, en falta se servicios públicos, en ahorcamientos crediticios, en desnutrición; la violencia psicológica, resultado de las múltiples formas de generar el pánico desde el gobierno y los medios con supuestas epidemias globales, poniendo en práctica medidas de control masivo con aspectos de guerra biológica; la violencia física, producto de la confrontación entre las distintas bandas criminales, incluyendo al ejército, la policía federal y las locales, todas disputándose las distintas plazas objeto de sus exacciones y ganancias. ¿Este es el “estado de la cuestión” que se pretende imponer como proyecto de Estado para nuestro país?

            Volviendo al principio, todas estas cavilaciones surgieron en mi cabeza tras el día del grito de la independencia. Desde temprano fue una molestia para las personas que trabajamos por el centro, peor para los que sólo transitan en él. El Centro Histórico estaba tomado por corporaciones policiacas federales y locales, no se podía transitar libremente, había sólo tres accesos, una enorme jaula se había montado desde antes de las diez de la mañana. La gente caminaba molesta, furfullando contra los rudos guardianes del orden que imponían su ley marcial a toda la población civil. Nadie pasaba por el centro sin una revisión de cabo a rabo, tanto de sus pertenecías como de su persona. Llegando la noche la cosa fue peor, no acostumbro ir al Grito, no soy afecto a gritar un solo día del año, ni mucho menos gritar muchos días al año a coro de “¡GOL!” con otros fanáticos de la nadería.

Pero ese día pasé por el mero epicentro patriótico. Fue una experiencia entre traumática y desangelada, formarse en filas enormes separadas por sexos, tal como si arribáramos a un aeropuerto se desplegaban las mesas de revisión con tres guardias armados de distintas corporaciones (¿incluyendo zetas y mata-zetas?), sin embargo al pasar esa valla la gente se diluía, no quise ver más, pasé de largo hasta que llegué hasta la otra aduana que terminaba en la calle Independencia. En las calles posteriores había filas de vendedores en las calles, solos, quizá por la hora que era, casi las once de la noche. Faltaba una hora para el evento, me parecía increíble la usurpación de la Plaza Pública, las desavenencias constitucionales con el libre tránsito, me parecía increíble que hasta el mismo Grito le hayan arrancado al pueblo.

 

 

 

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