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La creación del orden: una historia de terrorismo, azar y divinidad

Juan Carlos Gallegos

 

 
10 de octubre de 2011

La creación del orden: una historia de terrorismo, azar y divinidad

 

Silvia Larrañaga, escritora uruguaya radicada en París, es autora de varias novelas: La fusión de las siluetas (1988), Intramuros (1997), Gran Café (2001), El meollo (2008) y La creación del orden (2010). La más reciente forma parte de la colección La escritura invisible, de la editorial mexicana Terracota. En esta novela la protagonista es Lucía Tixieris, una escritora que vive en la capital francesa, aunque es originaria de un pequeño país sudamericano (puede entenderse que es Uruguay). El lector, una vez que ha identificado las similitudes que hay entre autora y protagonista, como por ejemplo, que ambas han ganado un premio literario por una buena novela (Gran Café, en el caso de Larrañaga), no dejará de preguntarse cuánto de lo que lee no habrá sido realidad en la vida de Silvia Larrañaga.
           
Las anécdotas en La creación del orden se distribuyen en poco menos de diez días, y van desde la sospecha de que Camila, hija de Lucía, esté involucrada con un grupo de jóvenes terroristas que atacan con tarántulas y ratas como armas en protesta de lo caro que están las rentas, hasta saberse espiada a todas horas por un ex compañero de trabajo, que más que espiarla pareciera leerle la mente, pues sabe mucho de lo que hace aún dentro de su departamento. Claro que también está presente el elemento sensual, a cargo del noruego Lars, quien no duda, en su estilo flemático, en pedir la mano de Lucía o bien otras partes de su cuerpo.

El secuestro del camión de pasajeros en que Lucía viaja por parte de terroristas musulmanes y la pérdida por descuido de una importante monografía con la cual su hermana Taldivia puede conseguir un nuevo empleo son las anécdotas principales que complementan la semana de la escritora, a las cuales hay que añadir muchas casualidades chocantes o sugerentes, la Ley de Finagle (si algo puede andar mal, andará mal), algún giro en la trama que muestra lo leído como parte de una novela dentro de la novela, el encuentro de Lucía con su lector ideal y todo un grupo de ideas raras, producto de sus manías, el tiempo libre, y la presión que ejerce todo lo vivido sobre su imaginación (¡ideas tales como que los órganos de Lucía se mueven y son venenosos!).
           
            Todos estos hechos son recurrentes pero no lineales, pues la trama se nos cuenta de manera aleatoria. Los fragmentos de los días, organizados al parecer al azar (la novela en realidad es el grupo de notas que Lucía toma en la semana sobre todo lo que le ocurre: éstas caen al suelo por culpa del viento, y al recogerlas, el orden o desorden resultante es el que el lector descubre en La creación del orden), muestran poco a poco la historia en su totalidad. Así, después de leer algo que ocurre el martes, sigue algo que pasa el sábado y después, algo que es parte del jueves. El azar no es un capricho en la novela, es su argumento central. Incluso uno de los dos epígrafes lo menciona: “El azar es Dios que se pasea de incógnito”, frase de Albert Einstein, que señala el orden de la trama; si bien todo parece caótico, tanto en la organización de los hechos como en la vida de Lucía, en realidad hay un orden secreto.

            Dios y el azar, las probabilidades y el destino, al final no importan por qué pasan las cosas, sino que ocurren y están ahí los resultados, y hay que hacer algo. “El azar es el seudónimo de Dios cuando no quiere firmar”, frase de Anatole France localizada al inicio de la novela que iguala a las visiones racionalistas con las que no lo son. Por otro lado, aunque los hechos no parecen apuntar a algún lugar al inicio, tarde o temprano llevan a algún destino. El desorden lleva al orden. Una sucesión de los días que en realidad no es tal y la reiteración de los hechos configuran esta trama fragmentaria en la que se encadenan causas y efectos y el tiempo adquiere un sentido profundo. Sólo hasta el final el lector asiste a la resolución de todos los enigmas y problemas, y contempla la creación de un orden producto del caos inicial.

 

 

 

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