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Chicago y Dillinger: mafia, crimen y pasión en este par de cintas


Juan Carlos Gallegos

 
10 de septiembre de 2011

Chicago y Dillinger: mafia, crimen y pasión en este par de cintas

El cine policiaco, que ha sido constante en agosto, sigue en el Ex Convento del Carmen. Ahí la semana pasada se presentó Chicago, años 30, de Nicholas Ray. Esta película de 1958 en realidad no se llama así, sino Party girl, que es una traducción para “dama de compañía”. El título que se le puso en español no es otra cosa que la primera información que aparece en pantalla, y que es una frase con la que se sitúa al espectador en espacio y tiempo. Después de éstas palabras aparece el título real de la cinta.


    El protagonista es el abogado Thomas Farrell, interpretado por Robert Taylor, quien tiene un parecido notable con Clark Gable. Él tiene un problema de cojera, por causa de un viejo accidente cuando era niño. A pesar de todo se convirtió en el mejor abogado de la ciudad, y obtuvo lo que buscaba: respeto de parte de todos, tanto colegas como criminales. Como su especialidad es el derecho penal, su cercanía con los maleantes no es nada extraño, a pesar de que él es un hombre honesto. Algunos líderes de la mafia, como Rico Angelo, lo consideran su amigo, y tienen una relación muy buena con él, pues incluso le brindan su amistad.


    Los inevitables problemas vienen después, cuando Farrell se enamora de Vicki Gaye, una bailarina que asiste a las fiestas de la mafia como dama de compañia, pues la paga es buena. Una vez que Farrell intenta abandonar la ciudad y dejar atrás aquellas peligrosas relaciones con los criminales, Angelo se lo impide, amenazándolo con hacerle daño a Vicki. Obligado a quedarse, el abogado observa cómo los problemas entre los mafiosos van creciendo poco a poco y pueden estallar, de modo que permanecer ahí será muy peligroso, pero no tiene otra opción que quedarse, pues ya conoce la sentencia. Farrell tiene algunas cartas que jugar, y lo hace, pretendiendo salvar primero a Vicki, y después, si es que puede, a él mismo.


Los personajes están caracterizados como en el cine de la época: los que están del lado de la ley son fieles a ella, intachables en todos los sentidos, y procuran que tanto los ideales como las personas no sufran daño ante toda contingencia. Los criminales no son piadosos, pero algunos de ellos en el fondo poseen un código de honor, que incluso los lleva a actuar de manera que ayudan a sus oponentes, ya sea porque en algún momento comenten un acto honesto que los perjudica, pero que también los redime, o bien porque creen de alguna forma en los ideales que representan quienes están del lado de la ley y a partir de esto permiten algunas salidas para sus víctimas, mostrando algo de piedad. Todo esto refleja algo: que en esos años se creía que aún los criminales poseían integridad y respeto por los valores.


    El suspenso se mantiene hasta el final, pues la mafia cierra poco a poco sus garras sobre Farrell y Vicki, y las escapatorias y posible ayuda que les pueden brindar los que están del lado de la ley se desvanecen. Todos actúan acorde a sus características. Farrell buscará la forma de ayudar a su novia, a pesar de que él mismo se pierda en el intento. Los criminales, algunos brutales, algunos otros con códigos de honor, atacarán, sin embargo, ellos mismos pueden dejar la puerta abierta. Chicago, años 30, si bien muestra personajes prototípicos no deja de lado el suspenso, y la trama se complica de modo que no se sabe qué pasará con los protagonistas. Esta cinta, producto de las primeras décadas del cine, es otra más de las que integran la cartelera de agosto y septiembre, y que demuestran que no hace falta una gran cantidad de efectos especiales y ni siquiera color para mostrar una buena historia.


Dillinger


Dillinger es una película bastante condensada, en la que en 70 minutos uno de los más temibles criminales de Estados Unidos hace de las suyas, dejando un reguero de cadáveres y de cajas fuertes vacías a su paso. Esta producción norteamericana de 1945 muestra la violenta vida de John Dillinger, quien en su afán de obtener dinero por medios ilegales no se toca el corazón ante ninguna circunstancia y por lo tanto no respeta la vida de nadie, salvo la de una chica a la que asalta, y que posteriormente termina siendo su pareja.


    Dillinger va a prisión en más de una ocasión, pero logra salir con métodos ingeniosos. Es buscado por medio país, y se le conoce de costa a costa. Tiene amigos peligrosos con los cuales forma una banda. Dillinger logra victorias importantes sobre la justicia: se hace de fortunas, todos le temen, y se ha burlado de los policías en muchas ocasiones. Todo aquel que esté en su contra o le estorbe en el camino tiene garantizada una muerte rápida y violenta. Paga el precio de tanta maldad muy pronto: no puede andar por las calles tranquilamente como cualquier hombre. Pasa la vida escondido y sospechando de medio mundo. Una gran recompensa cuelga sobre su cabeza, y su método de librarse de cualquier posible amenaza al no ser llevado a la práctica hasta los extremos se transformará al final en su perdición.


    Esta película muestra sin muchos descansos la violencia que reina en el mundo del crimen, en el cual no es posible la amistad y la única ley es la de sobrevivir a toda costa, aún pasando sobre los propios miembros de la pandilla. Los crímenes son mostrados no de manera explícita, e incluso la sangre que es natural en algunos de los cadáveres no aparece. Aunque de esta manera se “edita” la brutalidad de los crímenes no deja de soprender el carácter sanguinario del protagonista. Esta película, rápida en su duración, llena de acción y de planes criminales, con sus muchos asesinatos y la inteligencia de sus hampones, es un buen ejemplo, bastante recomendable, del “cine negro”.

 

 

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