Morocoy, Quintana Roo / Parte III de III

0 14 agosto, 2015

Ingrid Valencia

Tal cual se escucha el sonido del viento antes de la lluvia de verano, recuerdo las formas de los rostros de los niños cuando leyeron su primer poema. La lluvia de Morocoy pasa con ímpetu, es rápida, moja todo y se va, deja un pasto húmedo que se seca de inmediato. Los versos reconstruyen, uno a otro, las imágenes de lo cotidiano, las costumbres, las leyendas, los olores. Al releer sus poemas regresa la sensación de la lluvia y vuelvo allá, a las historias, a las conversaciones pendientes. Ya no están aquí para especificar lo sucedido desde 1965 hasta la fecha. Durante cincuenta años Morocoy se ha transformado en una comunidad diversa. El Sr. Morales dice que entre 1994 y 2000 algunos vendieron sus propiedades para irse a trabajar a EE. UU. Los coyotes cobraran entre 15 y 20 mil pesos por cruzar la frontera. Malbarataron sus tierras junto con el derecho agrario después de lo que él llama “la fiebre del picante”, la cual fue una época de bonanza de chile jalapeño que les permitió obtener mucho dinero, después llegó la plaga y acabó con la siembra del chile. Los niños cuentan que existe un caballo con ojos de fuego, el animal se lleva a la gente al monte, los captura como los duendes que viven en las ruinas mayas. Pero los duendes no se llevan a los niños al monte sino a

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0 31 julio, 2015

   

Ingrid Valencia

Voy camino a Mahahual, estoy sentada en la parte trasera de la camioneta. Miro lo que dejamos atrás: los árboles, la gente, las señales del camino; los poblados, Huay Pix, Xul-Ha, Bacalar, Buenavista y Pedro Antonio Santos (donde aún es permitida la poligamia). Salimos de Morocoy, son casi dos horas de camino a Mahahual.

         Morocoy tiene una población de casi mil habitantes. Es una tierra de muchas tierras pues vive gente de diversas partes como Michoacán, Torreón, Chiapas, Guadalajara, Sinaloa y Mérida. Está construido sobre ruinas prehispánicas. Vine aquí con estudiantes de la ENAH y la antropóloga social Paloma Escalante, quien me invitó. Ella participó en la apertura del museo comunitario hace cinco años.

         Doy un taller de poesía en el museo a niños de siete a once años. ¿Cómo enseñar poesía a los niños?, me preguntaba hasta que se me ocurrió un método de asociación de palabras. Ha sido más sencillo de lo que pensé. Los niños entienden la poesía casi al momento. Ya escribieron su primer poema y les pedí que lo memorizaran.

         Me quedo en casa del Sr. Morales, un médico en la comunidad. Narra que llegó a M

0 11 mayo, 2015

Ingrid Valencia

Poco antes de despertar soñé algo extrañamente bello de lo que media hora más tarde apenas sabía nada más.

Robert Walser

Y uno está con fiebre envuelto en sudor bajo las cobijas, expuesto al humor fétido del cuarto y ante los ojos de la presencia deleznable.

     Es la mirada que se olfatea. Es la mirada que lo sabe todo y uno debe rendirse, disfrutarlo o continuar dentro de la espesa neblina maloliente.

      A veces el llanto o el temblor de las manos son un alivio, sobre todo porque indican que uno puede moverse incluso con miedo. Con el tiempo escasean los recursos de la expresión, uno se acostumbra a la enfermedad, a la mirada vigilante, al olor propio del hartazgo.

     Un paranoico debe hacer un hueco en la pereza, llevar al máximo la rutina circular para entender lo que está de más, lo desarticulado, y señalar lo que sale de control. Durante el trayecto cotidiano habrá de saludar a los mismos comerciantes y cerrar los ojos en el metro, fingirá la siesta para no mirar los rostros ni los zapatos de la gente y así evitar la cansada observación de gestos y manías.

0 10 abril, 2015

Ingrid Valencia

    A mis amigos músicos

 El sentido del hombre muestra semejanza con el sol que, según vemos, descubre y revela todo el globo terrestre, pero también oscurece y oculta las estrellas y el globo celeste: así el sentido descubre las cosas naturales, pero oscurece y cierra las divinas.

 Filón de Alejandría

 

Son las hojas que se quiebran al paso, es el viento al golpear los muros y virar hacia otro sentido o el cuerpo tibio al respirar y hacer fricción; es la provocación del sonido, el sudor, el uso del artefacto lleno de aire y la dosis de su expulsión, es la fuerza de las manos que golpean, el temblor de la garganta, la suavidad, la furia.

     ¿Aprender a tocar un instrumento provoca un cambio en la relación con lo que nos rodea o la forma de captar el entorno nos impulsa a usarlo? Los lenguajes son el vínculo y el vehículo —extrañas metáforas. La música y las palabras que harán sonar un poema se transportan al tiempo que transporta. Escribió Kobayashi Issa:

                                   ¿Gente? Muy poca.

0 4 marzo, 2015

 Ingrid Valencia

SOBRE-VIVIR

Es difícil para un hombre hablar prolongadamente sobre sí mismo sin vanidad; por consiguiente, seré breve.

David Hume

 

Desde hace dieciocho años me siento cada noche en este sitio, miro mis dedos, los nudillos y las manos que suelto, tenso y reincorporo dentro de mi eje o espacio vital. A veces digo que escribo porque me aburro, pero no es cierto, afirmar tal cosa supone una postura indolente y es parecida a las declaraciones de la gente que expresa con ironía su más sentido pésame a las atrocidades que nos circundan.

 vida con    No sé por qué lo hago y no me bastan las horas, del mismo modo que ignoro cómo ser partícipe con mi comunidad sin abrumar. Sé que la democracia no acaba en un voto quemado dentro de la urna y que, a cualquier hora, el valor de la experiencia se reduce en cenizas. Entonces creo en lo que hago, aun cuando yo esté en medio de la penumbra y a tientas.

     La escritura de un poema sucede en u