La joven narrativa latinoamericana también envejece

0 1 diciembre, 2016
Reflexiones entorno a la no tan joven literatura latinoamericana

Nallely Pérez

El palacio del Boom está deshabitado, hace apenas unos días Mario Vargas Llosa señaló que le corresponde cerrar la puerta y apagar la luz del mismo. No obstante,  pensar en el Boom como la tradición aún imperante de la narrativa hispanoamericana es todavía una realidad, si no por qué llamar nueva a la narrativa hispanoamericana de los nacidos en los 70.

La necesidad de plantear la naturaleza de lo que actualmente se escribe en nuestra América, fue el eje central de la charla “La no tan nueva narrativa latinoamericana”, mesa moderada por Antonio Ortuño, en la que el peruano Santiago Roncagliolo, el boliviano  Edmundo Paz Soldán y el chileno Alejandro Zambra apuntaron perspectivas al respecto, entre las que resaltaron la diversidad de plumas y lo impensable que sería a estas alturas hacer manifiestos.

A decir del chileno, autor de “Bonsái” (2006), existen dos vertientes de narrativa en español: una, la globalizante, y otra, aquella que insiste en recobrar las nacionalidades; las cuales, sin embargo, asegura, tienen en común el afán de “recuperar la infancia desde la adultez”.

0 20 septiembre, 2015

Erick Castillo

“Divino cielo te pido permiso para cantar”   Hombre de tez morena, un puñado de decimas en el morral, la jarana como fusil y el fuego de la lengua tradicional, Sergio Manzano fue el responsable de abrir la velada de café con letras en el ex convento del Carmen. Tal como se inician los fandangos jarochos, mediante los acordes y las rimas del Siquisirí, la noche se dispuso para que la música regional revelara la memoria dormida en todas las tradiciones.   Para el músico la narración es una fortuna, la música el móvil para declarar el amor a la ciudad en que nació, décimas a Tonalá, linda tierra tonalteca. Entre memorias de una abuela color de barro, vendimias de figuras para nacimiento y un paisaje limpio en el horizonte, los sones fueron ganando terreno para colmar la totalidad del ágora. Una jarana que se convertía en requinto y luego regresaba a su condición de jarana con violencia liberadora haciendo el pacto entre el músico y el público de perpetuar la tradición oral.   Sin embargo Cronos no da tregua, y nosotros sus hijos somos engullidos en sus fauces. Una seña apuntó al músico el final de su tiempo y éste con la picardía que también yace en el arte popular contestó con una decima a la solicitud: “Ya me voy a despedir porque tú me cronometras, me voy a echar un mezcalito en caf

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